domingo, 29 de marzo de 2015

Para la astrología, los planetas representan las funciones psicológicas presentes en todos nosotros.

Así distingue 7 planetas personales: Luna (mecanismos de defensa), Sol (identidad), Venus (femenino, pareja), Marte (masculino, deseo), Mercurio (comunicación), Júpiter (vocación) y Saturno (súper yo). Y 3 planetas transpersonales: Plutón (transformación), Neptuno (disolución) y Urano (cambios), que al tardar muchos años en dar una vuelta completa nos hablan de lo generacional. Ellos van a teñir alguna o varias de las funciones personales.

Plutón fue descubierto el 18 de febrero de 1930 por el astrónomo estadounidense Clyde William Tombaugh (1906-1997). Hasta el 2006 fue considerado el noveno planeta del Sistema Solar, pero debido a una redefinición del concepto de planeta, Plutón es considerado actualmente un planeta enano.

Desde el punto de vista astrológico, Plutón sigue ocupando la misma función de siempre en nuestra carta natal. 

Plutón en la mitología romana (Hades para la mitología griega) es el dios del inframundo. Era hijo de Saturno y Rea, y esposo de Proserpina, a quien raptó para casarse con ella.

En alguna parte del reino de las sombras tenía el dios su palacio, al que nadie, salvo él y su esposa Perséfone, tenía acceso. Aunque también dicen que está cerca del Erebo, el lugar más sombrío e inaccesible de los Infiernos. Plutón era un dios barbado y tenebroso; un justiciero implacable, aunque no malvado, que se sentaba en las profundidades del submundo con un cetro en las manos y gobernaba impasible a las almas de los muertos que poblaban su reino sombrío y desconocido; no representaba a la muerte, sino que simplemente era el dios de los muertos. Poseía un casco que lo hacía invisible, regalo de los Cíclopes, su bien más preciado.

Además era considerado el dios de las riquezas, ya que bajo tierra se encuentran los minerales y piedras preciosas.

Así reina Plutón sobre nuestro inconsciente, nos pide que nos detengamos y profundicemos, que nos animemos a meter los pies en el barro y que nos entreguemos a procesos que son inevitables. A cambio nos da energía, recursos, riquezas y nos ayuda liberarnos de lo viejo y en desuso. No es un juez ni un carcelero, sino un sabio justo pero despiadado.

Es el planeta de la transformación y cuando está en tránsito por nuestra carta natal nos va a exigir que cambiemos la piel. La sensación que lo acompaña suele ser de pérdida y dolor, porque su aprendizaje implica soltar aquello a lo que estamos más aferrados. Nos invita a mirar a nuestros demonios a la cara, a enfrentar nuestros temores y a alquimizar esos rasgos despreciados de nuestra personalidad para transmutarlos en algo superador.

Pero Plutón es también intensidad, pasión y potencia; allí donde se vincula con otro planeta absolutiza su función y desbalancea nuestra carta natal. Entonces nuestra madre (Luna) se volverá poderosa, nuestro súper yo (Saturno) será sádico o nuestra vocación (Júpiter) nos llevará a las profundidades. Entre estas infinitas escenas encontramos un denominador común, cuanto menos les prestamos atención más grandes y atemorizantes se vuelven nuestros fantasmas.

Por eso hoy es momento de visitar nuestros aspectos más sombríos, ocultos y misterios. Hoy es tiempo de mirar a nuestra sombra a los ojos y sumergirnos en las aguas de nuestro propio inconsciente.

domingo, 22 de marzo de 2015

“Reí cuando me dijeron que un pez dentro del agua tiene sed” Kabir (místico de la India)

Una constante en estos días de diciembre suelen ser las reuniones para despedir el año con los amigos, así que las agendas están repletas de almuerzos, cenas y brindis por doquier. Uno se pregunta qué necesidad hay de acumular todos los encuentros y buenos deseos en tan pocos días, teniendo disponible todo el año, máxime teniendo en cuenta que además se suman los cierres de cuanta actividad escolar anual de los hijos y sobrinos se hayan realizado, las muestras de teatro, baile, comedia musical, canto, propios y de conocidos, las fiestas de las instituciones y empresas, etc. etc. 

Las listas de pendientes comienzan a sonar en alerta naranja. Los exámenes de los hijos nos agregan tensión a la cotidianidad. Asimismo, comienzan las consabidas consultas familiares directas o indirectas sobre con quien vamos a pasar las fiestas! La organización y compras de los benditos regalos de Papá Noel, si es que el presupuesto alcanza, teniendo en cuenta que también queremos guardar un dinerito para las vacaciones y sobrevivir el verano. Si es posible, queremos dejar las cosas más o menos acomodadas antes de que termine el año, misión imposible si las hay! Diciembre, mes caliente.

Pero en el medio de toda esta movida, si hemos aprendido algo durante los meses transcurridos, encontramos momentos que son verdaderas perlas. De pronto, las reflexiones sobre lo vivido se expresan en muchas de estas reuniones desde lo más profundo de nuestro corazón. Se nos invita a hacer un balance sincero, a parar un momento en este camino vertiginoso, y a exponer, exponernos, a preguntarnos donde estamos, cuantos pasos dimos y hacia donde, a reconocer hacia atrás, a reconocernos, a sacar cuentas para saber si nos hemos empobrecido o tenemos ganancias. Se nos invita también a escuchar y acompañar a nuestros compañeros de ruta, a ser empáticos y solidarios con el que no la está pasando bien. Se nos invita a revisar nuestro espíritu navideño, a ver cuán lejos podemos ir con nuestro amor  y nuestra declarada ética. 

Diciembre puede ser un mes de cansancio y conflictos. Puede ser también un mes de renovar duelos. Suele ser un mes de despedidas, de separaciones, incluso de comienzo de procesos terapéuticos, aunque no lo crean. Diciembre, mes intenso.

¡Que se cumplan los deseos en el próximo año!, es el deseo expresado en los brindis. He notado en los encuentros con amigos, de más de cincuenta años la mayoría, que nuestros deseos dejan de ser en general sobre algo concreto. No tenemos muchas expectativas sobre los regalitos de la Navidad. Que estemos juntos, que pasemos buenos momentos, que sepamos aprovechar lo que la vida traiga, que seamos cada vez más libres y mejores personas, que nuestros padres y nuestros hijos estén bien, que tengamos paz, que nuestro país y nuestro mundo tenga paz. Y no es que tengamos todo lo que se nos ocurra para la comodidad de nuestras vidas ni que si vienen no lo recibiremos con placer! Es que el eje de lo importante y urgente ha cambiado, estamos más despiertos. 

Cuando el maestro zen alcanzó la iluminación, escribió lo siguiente para celebrarlo: “¡Oh, prodigio maravilloso: puedo cortar madera y sacar agua del pozo!” 

Detenernos a celebrar nuestros objetivos cumplidos es sumamente importante. Detenernos a celebrar y a agradecer la vida, mucho más. Y acá te invito, me invito, a hacer un pasito extra: a ser un testigo de la existencia, a observar desde ese lugar interior divino y eterno este momentito de la eternidad que es este diciembre. Si por algunos instantes podemos detener la carrera y las expectativas y solamente ser, estar siendo, podremos ver. Ver que estamos viviendo esta experiencia humana, con todo lo que ella nos trae, que somos de este mundo y no somos de este mundo. Y entonces todo sigue sucediendo de la misma manera pero nosotros lo estamos viendo con asombro desde otra perspectiva, que nos permite maravillarnos con cada abrazo, con cada risa y cada lágrima. La vida nos trae muchos momentos novedosos, algunos de los cuales tememos y ese temor nos mantiene dormidos, domesticados. La única libertad verdadera surge del estar despiertos.

La vida va pasando rápido y no podemos morir sin haber vivido. Mucha gente que está en este mundo no está viva. Estar despierto, estar consciente, es la manera genuina de estar vivo.

“Un famoso gurú alcanzó la iluminación. Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿qué consiguió como resultado de su iluminación? ¿Qué le produjo?.  El hombre respondió: bien, voy a contarles lo que me produjo: cuando como, como; cuando miro, miro; cuando escucho, escucho. Eso fue lo que me produjo. Los discípulos replicaron: ¡pero todo el mundo hace eso!. Y el maestro se río a carcajadas: ¿Todo el mundo hace eso? ¡Entonces todo el mundo debe estar iluminado!” Anthony de Mello – Dios, ese desconocido

Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=486 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Lilith, en la astrología, hace referencia al lado oscuro de lo femenino, a las cosas ocultas, a lo reprimido, a las experiencias dolorosas, allí donde nos cuestionamos nuestras vidas, trabajos, creencias y a nosotras mismas.

Se ha hablado de ella como una mujer libidinosa, adicta al sexo, peligrosa, manipuladora, que usaba a los hombres para tener sexo y luego los mataba. Se la ha nombrado la Reina de los Vampiros y la Señora de los Demonios. Representa la contracara femenina de Eva.

En la Astrología, Lilith señala el punto de la herida, el dolor, la prueba que uno debe hacer para superar su obsesión. Es el lado oscuro, oculto, misterioso, profundo, apasionado e intenso de lo femenino. Es nuestra propia sombra que se agiganta cuando no la miramos y se nos enrosca como serpiente cuando no le damos su lugar. 

Lilith representa a la mujer emancipada, la que no se somete al hombre y busca la igualdad, y es por eso que es el símbolo del movimiento femenino. Nos habla de la sombra de la mujer que somos, una mujer activa y sexuada, pero una sombra inacabable que nos conecta con lo instintivo y con la profundidad de nuestro inconsciente.


lunes, 27 de octubre de 2014

Quiero contarles algo íntimo. Quizás a ustedes les esté pasando algo parecido y les agradecería si pueden compartir conmigo sus experiencias. Yo ya estoy grande, como dice mi amiga Alecka, y como a muchas de ustedes, me está tocando el tiempo de los padres grandes. Es decir, mi mamá está grande, obviamente bastante más que yo. Desde hace algunos años la observo envejecer y es como si fuera abriendo camino, mostrándonos paisajes que todavía no conocemos, pero ella, aventurera, se anima y lo comparte.

Pasaron los años, (ella tenía más o menos la edad que yo tengo ahora), y fue saliendo del bosque, porque sabía que estaba viva, aunque había estado muerta, y que algún sentido debía tener esto. Se convirtió en una buscadora, atenta a las enseñanzas de muchos maestros, al silencio, a las señales. Se encontró con sus dragones, con sus enojos, sus miedos y sus contradicciones. Todo lo que aprendió lo fue compartiendo con entusiasmo. Entra y sale del bosque como si volara, siempre dispuesta a ofrecer las pociones o las palabras mágicas.

Mi madre sabe que más tarde o más temprano nos despedimos de esta experiencia humana. Y no se espanta. Porque ella ya vive entre dos mundos, éste y otro más luminoso. Es una bruja de las buenas, de las que hacen falta. Yo la veo, y agradezco a Dios su presencia cada día.


Leer la nota completa aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=434


lunes, 13 de octubre de 2014

Quirón en la carta natal está representado con el símbolo de una llave, que nos habla de la posibilidad de sanar nuestra primera herida, esa que nos marcó a fuego, y desde allí poder, a su vez, curar a otros.


Quirón fue descubierto en el cielo en noviembre de 1977 y fue catalogado inicialmente como un asteroide. Se lo nombró como el centauro Quirón, sanador y maestro de héroes, perteneciente a una raza mitad caballo y mitad humano; y en reconocimiento a la doble naturaleza de estos objetos, mitad asteroide y mitad cometa

En la mitología griega Quirón era un centauro inteligente, sabio y de buen carácter, a diferencia de la mayoría de los de su clase. Hijo de Saturno y de la oceánide Filira, era un gran educador en música, arte, caza, moral, medicina y cirugía, y tutor de los héroes Aquiles, Esculapio, Teseo, Jasón, y Hércules.

El mito indica que es nuestro cuerpo animal el que puede ser herido y Quirón, en la carta, indica dónde tenemos el potencial de reconectarnos e integrar nuestra conciencia espiritual pura con nuestra oscura sabiduría animal. También nos cuenta acerca de dónde y de qué forma nos sentimos inadecuados e imperfectos y dónde creemos que no somos aceptados o aceptables. Es donde sufrimos y sanamos.

Quirón es la herida, en el sentido de que allí nos sentimos victimizados y apartados. Es el sanador porque es compasivo con el real sufrimiento del otro, que no es más que el suyo propio. Pero también es el victimario, y esto se relaciona con que somos capaces de herir a otros allí donde fuimos heridos, simplemente para defendernos o por quedar atrapados en el enojo. 

Es el lugar de nuestro Maestro interior, similar a la figura del chamán, que nos habla de dónde y cómo la vida nos ha herido. Necesitamos atravesar ese dolor, aceptarnos tal cual somos y renunciar al control del ego. De esta manera, sanaremos nuestras heridas y seremos capaces de ayudar a otros a sanar las suyas. Este camino, que puede ser largo y difícil, nos llevará el tiempo necesario para comprendernos y reintegrar las culpas que adjudicamos.

Si estás cerca de los 50 años de edad, en tu carta se está produciendo el retorno de Quirón, y quiere decir que estás lista para sanar la herida y convertirte en tu propia maestra y curadora.

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viernes, 10 de octubre de 2014


“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente” - Khalil Gibran

Llueve y llueve en este final del invierno del 2014 en Buenos Aires. Como si la naturaleza quisiera refrenar nuestras ganas de salir a correr, a andar en bici, de disfrutar del aire libre, del cuerpo más desnudo, de andar descalzos, de disfrutar de lo verde. Observo desde la ventana de mi cocina la obstinación del ciruelo y del limonero que, empapados y con sus pies flojos en el barro, están resplandecientes con sus hojas nuevas y llenos de flores blancas. Apenas para un poco la lluvia y el viento, un zorzal trae por enésima vez material para construir ese nido que yo, cómplice, dejé que construyera sobre un farol de la galería. Bajo el toldo, esperan confundidas las plantitas de menta, albahaca, perejil y curry que aún no puedo trasplantar a los canteros desde hace más de una semana, obviamente compradas en un impulso entusiasta de ser una nueva horticultora ciudadana.

La primavera no está afuera de nosotros, somos parte de ella. Necesitamos renovar las ilusiones, enamorarnos, embellecernos y jugar. Es cierto que a través de la desilusión vendrá el crecimiento, como a través de la poda crecerán nuevas ramas y hojas con fuerza. Pero hoy necesitamos volver a creer, necesitamos ilusión.

¡Es tiempo de celebración!. Preparemos guirnaldas para adornar nuestras cabezas y pies, para cantar y bailar en círculos como los antiguos ancestros para recibir un nuevo ciclo de la manifestación de la vida.


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lunes, 1 de septiembre de 2014

El primer acercamiento que tenemos a la astrología es a través de nuestro signo solar. Cuando respondemos a la pregunta ¿de qué signo sos? estamos diciendo en dónde está nuestro Sol, lo cual está determinado por nuestra fecha de nacimiento. Es por esto que nos escucharán decir, muchas veces, que conocer el signo de una persona constituye sólo una pequeña parte de lo que ella es en su totalidad.

El Sol representa nuestro Yo, nuestro Ego consciente, ese lugar que nos centra y en donde construimos una identidad separada y diferenciada de los demás. Así el Sol es la punta del iceberg, aquello que reconocemos en la superficie de nuestra personalidad. 

El Sol nos propone una aventura, una búsqueda, que llamamos "el viaje del héroe".
  
“El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura. Allí encuentra la presencia de una sombra que cuida el paso. El héroe puede derrotar o conciliar con esta fuerza y entrar vivo al reino de la oscuridad, o puede ser muerto por el oponente y descender a la muerte. Detrás del umbral, después, el héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente, otras le dan una ayuda mágica. Cuando llega al nadir del periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa. El triunfo puede ser representado como la unión sexual del héroe y la diosa madre del mundo, el reconocimiento del padre-creador, su propia divinización o también, si las fuerzas le han permanecido hostiles, el robo del don que ha venido a ganar, intrínsecamente es la expansión de la conciencia y por ende del ser. El trabajo final es el del regreso. Si las fuerzas han bendecido al héroe, ahora éste se mueve bajo su protección; si no huye y es perseguido. En el umbral del retorno, las fuerzas trascendentales deben permanecer atrás; el héroe vuelve a emerger del reino de la congoja. El bien que trae restaura al mundo”.

El Héroe de las Mil Caras, Joseph Campbell

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