lunes, 2 de noviembre de 2015

“La mayor bendición que una madre puede dar a su hija es el sentido cierto de la veracidad de su propia intuición” Clarissa Pinkola Estés
  
Hay una cualidad femenina de gran poder, que es transmitida de madres a hijas, a través de un proceso de iniciación que requiere tiempo, dedicación y obviamente el experto conocimiento de las madres iniciadoras. Esta cualidad, desafortunadamente, se ha perdido en muchos linajes familiares de mujeres por diversas razones. En parte ha sido porque cayó en desuso cuando la existencia humana comenzó a ser explicada exclusivamente desde la razón, y también porque siempre ha sido sospechada como peligrosa. Esta cualidad que al desarrollarla nos pone en contacto con la Madre Salvaje, y nos lanza poderosas hacia la Vida, es la Intuición.

Aunque ya tengamos muchos años, es posible excavar en nuestro inconsciente profundo y desenterrarla. Pero lo mejor es haberlo aprendido siendo niñas y jóvenes, por lo que es un alerta y un compromiso para nosotras como madres, tanto de desarrollarla como de transmitirla. ¿Qué necesitamos para iniciarnos en ella? Siguiendo la guía de Clarissa Pinkola Estés*, a partir del cuento de Vasalisa, que les recomiendo leer, veamos cuales son los pasos a tener en cuenta para esta iniciación.

Lo primero es dejar atrás la protección y la seguridad que nos brinda la madre amorosa y buena de la infancia para dar lugar al aprendizaje de cuidar de nosotras mismas. Esto hace referencia tanto a la madre real como a la madre buena internalizada, que debe ir muriendo para que pueda nacer la mujer y dejar atrás a la niñita. Dejando morir lo que tiene que morir, se despeja el panorama para tomar coraje y correr riesgos, plantearse desafíos que nos entrenarán las facultades intuitivas. La seguridad y la comodidad son difíciles de abandonar, incluso a veces es difícil dejar de ser la madre demasiado buena. Como las madres lobas, hay que dejar de dar la teta para que los cachorros aprendan a cazar, empujándolos si es necesario.

Lo siguiente es que aparece la tremenda tensión entre lo que los demás esperan de nosotras y lo esencial que crece desde el alma. “Los demás” es también un aspecto de nuestra psiquis, muchas veces depredador, que no cesa en amenazarnos, manipularnos, amedrentarnos, para que no tomemos el camino de nuestra manifestación luminosa, sino que elijamos el camino de la ingenuidad y la comodidad. Descubrir nuestros aspectos en sombra, nuestras tensiones, admitir nuestros deseos más profundos aún cuando vayan contra las expectativas que los otros  tienen para nosotras, requiere de coraje e intuición. No hacerlo nos lleva a crisis donde sentimos que podemos morir, metafórica o literalmente, y esto nos pone en el camino del crecimiento.

Así, temblando, nos metemos en el conocimiento del inconsciente más profundo, temiendo y deseando a la vez ese encuentro con la Madre Salvaje. Es caminar a oscuras, confiando en nuestros sentidos, desarrollando cada vez más el olfato, la vista, y porque no, las garras. Cada vez más, alimentamos la intuición y desplazamos el poder hacia ella. Poco a poco, la confianza en nosotras mismas se va haciendo carne y la psiquis se fortalece.

Con este proceso va muriendo la niñita dulce e ingenua y va surgiendo la mujer capaz de ver lo extraño, lo poderoso, lo arcaico y salvaje, sin temblar. Conocer los ciclos de vida muerte vida, y hacernos cargo de nuestros aspectos más oscuros y poderosos, nos integra interiormente y nos da una increíble energía que no suponíamos poder tener.

Hay que pasar un tiempo entrenando todo esto, poniendo en orden, reconociendo lo que es y lo que no es, creando, investigando. Hay que hacerle un lugar en la agenda y no excusarse. No hay otra manera de agudizar la intuición para poder comprender. De esta forma se va internalizando la percepción rápida de lo que es falso y lo que es verdadero, lo necesario y lo superfluo, lo vivo y lo muerto.

Dejar de ser una niñita y aprender a confiar en la propia intuición nos da una gran fortaleza para enfrentar los desafíos y las adversidades de la vida, que claramente estarán allí en el camino. También nos da intolerancia con  las estupideces y rápida acción contra los depredadores. Nos da la palabra y el silencio justos. Nos da un lugar en nuestras redes de gran poder e influencia. Nos hacemos cada día más brujas.

Hace unos días, María Laura Valle, en uno de nuestros encuentros, me inspiró a revisar estos conceptos, cuando con sabiduría y espontaneidad me dijo: “Si yo me cuido, estoy a salvo”. La madre demasiado buena debe dar lugar a la madre salvaje, ya que ella nos empuja a aprender a cuidarnos a nosotras mismas y a ser quienes somos en lo más profundo de nuestras almas contra viento y marea. Sólo así podremos sobrevivir y mejor aún, vivir plenamente.





lunes, 26 de octubre de 2015

El mes de octubre es el mes de las madres y en nuestra carta natal ella está representada por la Luna. Este planeta nos brindará información acerca del vínculo con nuestra madre y también hablará de cómo somos cuando ocupamos ese rol.

La energía de la Luna es aquella que nos recibe con los brazos abiertos cuando nacemos y así teñirá nuestros primeros recuerdos. Allí iremos construyendo una parte de nuestro femenino interior, un aspecto de cuidado y protección, tanto para con los demás como con nosotras mismas.

Es aquí en donde buscaremos refugio frente a las adversidades de la vida y, aunque no nos resulte cómodo, nos sentiremos seguras. Es por eso que nuestros lugares defensivos son a la vez que inconscientes sumamente infantiles.

En cada signo la Luna nos muestra una cara y una forma de ser madre y aquí les cuento algunas de esas características:

Luna en Aries: son madres guerreras, frontales, que saben lo que quieren tanto para sí mismas como para sus hijos. Activas y decididas suelen ser grandes emprendedoras y necesitan estar en movimiento. Son fuertes, competitivas y siempre en búsqueda de un nuevo desafío. Son calentonas y enojosas pero rápidamente se ponen en acción y se calman.

Luna en Tauro: son madres amorosas, muy corporales, muy de apapachar y contener físicamente. Aman cocinar y brindan amor a través de cosas ricas y abundantes. Siempre bien plantadas, son algo ingenuas pero comprenden los procesos y tiempos de la naturaleza como nadie. Son muy tercas y obstinadas y necesitan tiempo para comprender los cambios y avanzar.

Luna en Géminis: son madres muy comunicativas y charlatanas, aman las palabras, los chistes y las historias. Están siempre conectadas, rodeadas de amigas, y de chismes. Saben poco de mucho y siempre tienen una palabra justa. Les gusta jugar y divertirse, son un poco niñas y están siempre con ganas de aprender algo nuevo. Saben dar vuelta la página rápidamente frente a un problema, quizás demasiado rápido.

Luna en Cáncer: son madres con todas las letras, nacieron para serlo, y no suelen dejar nunca ese rol. Son contenedoras, cariñosas, protectoras, dulces, siempre dispuestas a dar. Aman su familia por sobre todas las cosas y la defienden como leonas. Son reservadas y prefieren los lugares tranquilos y conocidos.

Luna en Leo: son madres muy expresivas y teatrales. Tienen luz propia y suelen ser el centro de atención. Son muy cálidas, centradas y logran sacar lo mejor de las personas que la rodean. Son egocéntricas, algo dramáticas y exageradas pero logran entusiasmarte sólo son su personalidad chispeante. Les preocupa mucho su imagen y la mirada que recibe del exterior, así que tendrán muchas fotos!

Luna en Virgo: son madres cuidadosas, pendientes de los pequeños detalles y preocupadas por la higiene y la salud. Son grandes organizadoras y arman las más perfectas fiestas de cumpleaños. Son tranquilas, tímidas y suelen mantenerse en segundo plano. Les interesa sentirse bien, cuidarse y cuidarte, y siempre están en busca de nuevas opciones para sentirse plenas, sanas y en su eje. Ellas te enseñarán a hacer mucho con poco.

Luna en Libra: son madres sensibles, en busca de armonía y en conexión con todas las cosas bellas. Saben balancearse y equilibrar en todas las situaciones, eso las hace, por momentos, vacilantes y muy atentas al deseo del otro. Son mediadoras y evitarán todos los conflictos posibles.

Luna en Escorpio: son madres intensas, poderosas y valientes. Están siempre presentes frente a situaciones dolorosas, conflictivas o complicadas. Les gustan los misterios de la vida, no se asustan fácilmente y están dispuestas a acompañarnos en nuestros procesos de transformación. Nos dan mucho y también piden mucho. No la traiciones porque lo recordará por siempre.

Luna en Sagitario: son madres divertidas, alegres y en constante movimiento. Son grandes guías, nos tienden la mano y nos enseñan a caminar pasito a pasito. De creencias fuertes, a veces pueden volverse fundamentalista, nos inspiran a encontrarnos con los ideales y el sentido de la vida. Son tan negadoras como optimistas, siempre confiando en la vida y sus posibilidades.

Luna en Capricornio: son madres fuertes, sostenedoras y trabajadoras. Son muy responsables y le dedican mucho esfuerzo a todo lo que hacen. Pueden parecer frías o distantes porque están muy preocupadas en hacer siempre lo correcto. Ellas te enseñan a llegar al final de la meta, a seguir adelante a pesar de los obstáculos, a lograr todo lo que te propongas. Para ellas el límite es amor, y te enseñarán a dar siempre lo mejor de vos.

Luna en Acuario: son madres distintas, creativas, bohemias y algo locas. Están siempre cambiando e innovando ya que se aburren fácilmente. No se quedan quietas y en esta búsqueda de novedades se desconectan del presente. Te traerán muchos cambios y junto con ellos una enorme capacidad de adaptación. Ellas te construyen redes y grupos que te cuidan y te sostienen, así probablemente tengas varias madres postizas.

Luna en Piscis: son madres muy sensitivas, empáticas y perceptivas. Están muy conectadas con sus hijos, especialmente a nivel emocional, y les cuesta verlos crecer y dejarlos ir. Son fantasiosas, emocionales y grandes narradoras de cuentos de hadas. Ellas te entienden sin que haya palabras y pueden saber cómo te sentís aunque estés a miles de kilómetros de distancia.

Así las distintas caras de la Luna, tan únicas como mamá.


¡Feliz día de la Madre!




lunes, 19 de octubre de 2015

Un día nos levantamos y sentimos que somos afortunadas, que todo nos sale bien y nuestros sueños y deseos empiezan a cumplirse finalmente. Otro día, sin embargo, nos despertamos sintiendo desconfianza, las cosas parecen salir mal una tras otra, y solo queremos volver a la cama y terminar el día.


La astrología antigua hablaba de planetas benéficos y maléficos para explicar estos momentos de la vida. Los planetas benéficos en tránsito sobre nuestra carta natal nos ayudaban a resolver, a expandir, nos brindaban oportunidades, armonía, confianza, abundancia, y nos empujaban a salir y expresarnos. Por otro lado, los planetas maléficos hablaban de enfermedades, pérdidas, dolores, momentos difíciles y de encerrarnos en nosotros mismas.


¿Qué significa que un planeta está en tránsito? La foto de nuestra carta natal está fija pero los planetas están en un continuo movimiento alrededor del sol, así van armando infinitas combinaciones entre las posiciones de los planetas en el momento de nuestro nacimiento y su posición actual (o en cualquier momento de nuestra historia). El análisis de esta trama nos cuenta acerca de momentos de aprendizaje, cambios, posibilidades y oportunidades.


Hoy la astrología ya no considera esta división entre planetas buenos y planetas malos. A cada uno de ellos les corresponde una función, un proceso necesario, y los viviremos de acuerdo a nuestro aprendizaje previo.


Cada planeta tiene su propia velocidad, algunos son rápidos como la Luna, Mercurio, Venus y Marte, cuya influencia se nota desde unas horas hasta unos meses. Y otros son lentos como Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, que nos afectan desde un año hasta casi 20 años. Estos últimos son los que más nos interesan porque nos invitan a madurar, a conectarnos y a transformarnos en un camino sostenido.


Imaginemos estos tránsitos en relación al sol:

Júpiter está en Virgo, y cuando está en tránsito actúa como una lupa, que nos expande, nos da confianza, nos trae posibilidades, nos invita a viajar. Es nuestro ego el que crece y brilla, así que de acuerdo a como lo hemos trabajado se manifestará. Si bien generalmente está asociado a buenos momentos, mirar algo con lupa también implica ver aquellos detalles que se nos han pasado por alto. El sentido de la vida puede estar cuestionado si sos virginiana.


Saturno está en Sagitario, y cuando está sobre nuestro sol es nuestra identidad la que madura. Es probable que pasemos por momentos de introspección, de soledad, de búsqueda interior. Quizás nos sintamos frenadas y obstaculizadas a la hora de actuar. Tomaremos las cosas con más calma, sintiendo que necesitamos un esfuerzo extra para que las cosas salgan. Si sos sagitariana hoy quizás te sientas más apagada.


Urano está en Aries, y ambas energía tienden a potenciarse. Así este tránsito va a dinamizar nuestra identidad, nos vuelve más rápidas, veloces y creativas. Pero también más impulsivas, incisivas, caprichosas, inconstantes y agresivas. Tenemos más ideas y más fuerza disponible. El aire de Urano incrementa el fuego de Aries, y nuestra guerrera interior puede dejarse llevar. La tarea es aprender a canalizar tanta energía, descubrirnos en nuestros aspectos más egocéntricos, impulsar nuestro deseo y aprovechar el vuelo para crear. Si sos ariana te sentirás alada y renovada.


Neptuno está en Piscis, domiciliado, y si sos pisciana te sentirás muy cómoda. Este tránsito nos sensibiliza, nos conecta y nos suma empatía. Nos conectamos con la profundidad del inconsciente colectivo que traerá sabiduría y sincronicidades (esos fenómenos en los que el universo parece contestarnos). Pero también nos confunde y podemos perdernos en sueños y ensoñaciones. Es el momento para aprovechar esta profunda conexión para que nuestra identidad sufra su metamorfosis. Y cuidarnos del riesgo de ser camaleones y perdernos en la imagen del otro.


Por último Plutón, que está en Capricornio, nos pide que soltemos lo viejo. Es un momento y un proceso de transformación, de cambio de piel, de dejar ir. Aquí es nuestra identidad la que se verá afectada, la imagen que tenemos de nosotros mismos y el encuentro con nuestra sombra. Este tránsito puede ser vivido con dolor y con un sentimiento muy fuerte de pérdida cuanto mayor sea nuestro esfuerzo por retener y mantener el status quo. Las capricornianas tiene hoy una gran tarea por delante y de esto saldrán como el Ave Fénix: renacidas.


A veces estos tránsitos se presentan solos o combinados, algunos podemos no vivirlos en toda nuestra vida. Y así como hoy te los cuento en relación al Sol, podemos leerlos en relación a cada uno de los planetas de nuestra carta natal afectando una función diferente de nuestra personalidad.

Te invito a aprovechar las posibilidades y las energías que tenés disponibles 




lunes, 12 de octubre de 2015

“Erase el mejor de los tiempos y el más detestable de los tiempos;… la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos y nada poseíamos” Charles Dickens
  
A veces el invierno se nos mete en el alma, y nos va secando, quizás de tantas lágrimas, o nos va durmiendo de tantos sueños. No te voy a contar sobre malos momentos porque de eso ya hablamos el mes pasado y no hace falta explayarnos, todos sabemos cuándo hace frío.

Pasan tantas cosas en este mundo nuestro!  Tan duras, tan injustas, tan dolorosas! Y aunque aceptemos estas realidades, queremos creer en un mañana mejor. Queremos poder construir posibilidades, puentes, círculos, plazas, hogares, teatros, parques… Algo muy dentro de nosotros se despierta y comienza a darnos fuerza, coraje y creatividad. Si fuéramos semillas podríamos sentir cómo se transforma nuestro interior sin que se note nada por fuera aún, y eso es el latir de la primavera. En lo profundo del invierno, la semilla tiene su memoria intacta. Apenas el sol se hace sentir un poco más y por más tiempo, la vida se activa nuevamente, y lo que somos en la semilla se manifiesta gloriosamente. 

“El sol se renueva cada día. No cesará de ser eternamente nuevo” Heráclito

Desde el más lejano pasado los seres humanos han celebrado la presencia del Sol, lo han reverenciado como Ser Supremo, como creador de vida y dador de protección. La primavera es la renovación anual de ese mágico círculo de vida muerte vida, que nos promete futuro con alegrías, amores y paz. En la dureza del invierno crece nuestra esperanza y nuestra fe, y cuando el sol aparece se confirman nuestros deseos enormes de vivir.

El reverdecer de la naturaleza trae a nuestra memoria ancestral la sensación de bienestar por las frutas y el agua que estarán disponibles, y el alivio de dejar atrás el miedo a morir. Todo se manifiesta y muchos cachorros llegan a integrarse a nuestras manaditas. En el hemisferio norte las Pascuas de Resurrección coinciden no casualmente con la primavera, ya que los antiguos  celebraban la vuelta de la vida en esos tiempos del año. En la mitología griega Perséfone, después de ser reina del inframundo, lleva a la Tierra el renacimiento. La primavera está en nosotros como una semilla que espera el momento de manifestarse. Uno de sus nombres es Esperanza.

La esperanza nos da confianza en que es posible ese futuro que soñamos. Nos ayuda a soportar los malos momentos, nos da consuelo cuando sentimos que nos duele la herida. La esperanza nos da ánimo para ponernos en marcha y nos conecta con el sentido de nuestra vida. 

Después de los cincuenta, como a muchas de ustedes, una primavera de la vida trajo a Clarita, mi primera y por ahora única nieta. Volvió a nacer el amor, profunda y arrolladoramente, incondicional y eterno. Hija de mi hijo mayor, me conmovió desde sus primeros momentos de existencia. Por ella y por todos nuestros niños, espero un futuro mejor. Y esa espera, esa esperanza, me hace consciente de cada uno de mis actos día a día, porque soy responsable de la parte que me toca como hacedora de ese futuro mundo que habitará Clarita mujer. La esperanza se vuelve actitud y actos concretos cuando amamos. 

Hoy mi nuera, la mamá, me envió por whatsapp la foto del primer sol que pintó Clarita. Con ese sol, crecen danzando mis semillas. Inspiro profundo y sigo caminando plena hacia el horizonte. 



lunes, 5 de octubre de 2015

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino”. Carl Jung

Todos los años el Sol da una vuelta completa y vuelve al mismo lugar en que estaba cuando nacimos. Pero, en este caso, no nos guiamos por el año calendario sino que este movimiento lo registramos desde nuestra fecha de cumpleaños a la siguiente.

La carta natal es un mapa de nosotras mismas, un mandala, un dibujo de nuestro sí mismo. Así incluye nuestras luces y sombra, nuestras potencialidades y nuestros fantasmas. La Revolución Solar también es una hoja de ruta, una guía personal de nuestro año. Ambas son fotos del cielo, una del momento que nacimos y la otra del momento de nuestro cumpleaños (por eso es que es importante el lugar que elegimos para pasarlo).

En esta carta vemos la energía que nos acompañará en ese año, nuestras fortalezas y dificultades, el área de vida en la que se volcará nuestro aprendizaje y desarrollo personal. Cada año la Revolución Solar cambia y nos acerca a un nuevo desafío. La propuesta es integrar y profundizar un aspecto de nuestra personalidad junto con nuevas vivencias de esa área específica de nuestra vida.

En su análisis vamos a concentrar nuestra atención en tres referencias principales. Por un lado, la casa del Sol, allí donde nuestra identidad se hallará ese año, ya sea que se fortalezca o se reconstruya a través de escenas propias de esa ubicación. Por otro lado, la posición de la Luna, nos acercará nuestras potencialidades y talentos, y la posibilidad de transformar un comportamiento defensivo e infantil. Y por último, pero no menos importante, el ascendente que nos contará acerca de la energía que acompañará ese año, la vibración con la que estaremos conectados y que tendremos que aprehender.

Todo esto no puede ser comprendido sin vincular estos elementos con nuestra carta natal y ver su correlación con nuestro mapa interior. Es en este encuentro en donde descubrimos la especificidad de nuestro camino anual.

Así cada vuelta del Sol nos regala una oportunidad: conocer mejor a la heroína que llevamos dentro. La Revolución Solar nos muestra esas luces que marcan el camino y nos sirve de guía para el trabajo que hoy nos toca realizar. Allí descubriremos el más grande tesoro: a nosotras mismas.

¡Feliz cumpleaños! ¡Feliz vuelta al Sol!





lunes, 28 de septiembre de 2015

“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero” Hermann Hesse

Nuestra vida se compone de innumerables momentos, la mayoría de ellos se suceden automática e inconscientemente. Sólo algunos están destinados a ser recordados para siempre, porque en esos hemos estado plenamente conscientes, atentos, vivos. Ya sea por felicidad o por dolor, por esfuerzo o por agradable sorpresa, las circunstancias se han marcado en nuestra memoria emocional y forman parte de nuestra historia y nuestra identidad.

Todos deseamos una vida en armonía donde podamos desarrollar nuestros proyectos en paz, consiguiendo bienestar y satisfacción en el día a día. Hay quien desea una vida más parecida a una lagunita sin viento y hay quien prefiere una vida aventurera, sobre gustos no hay nada escrito. Qué nos hace felices es tan diverso y extenso como la humanidad misma.

(Antes de proseguir convengamos que mucha gente que habita nuestro planeta no está interesada en ver cómo ser feliz. Les basta en ver cómo sobrevivir hoy y mañana).

Los momentos malos vienen la mayor parte de las veces sin ser llamados. Somos responsables por ellos en mayor o menor medida, y a veces, hasta simplemente somos deudores solidarios por pertenecer a la familia humana. Estoy hablando de los malos de verdad, no de los que dramatizamos para obtener más lugar en el escenario.

Observo que ciertas corrientes de trabajo en el ámbito del desarrollo personal enfatizan una mirada optimista y casi mágica sobre las posibilidades que todos supuestamente tenemos para generarnos una vida feliz y abundante en todo sentido, simplemente trabajando en nuestras dotes Creadoras esenciales. Esta gente va dejando por detrás un sinnúmero de personas que lo menos que sentirán es que son tan perdedores que no pueden lograr lo que los conocedores del Secreto han logrado. Y se sentirán culpables una vez más consigo mismos por no aprovechar lo que aparentemente está al alcance de las manos de todos. Desde esta perspectiva, ahí estamos otra vez solos y por culpa nuestra con nuestro mal momento.

Otras corrientes de desarrollo espiritual aprovechan para hacer crecer la actitud de sumisión y  de rebaño, con la cual el ser humano cae de rodillas declarándose culpable antes de cualquier indagatoria, llevando más adeptos y más cabezas cerradas a los altares de los dioses vengativos y castigadores.

 "Muchos de nosotros no vivimos nuestros sueños, porque vivimos nuestros miedos"  Les Brown
  
Sostener nuestros sueños nos eleva de la mediocridad de la tristeza, nos da una vida más valiente. Quizás cuando lleguemos a nuestro sueño lo mejor que habremos obtenido es el camino recorrido, incluyendo en él los momentos difíciles que atravesamos. Quizás sobre todo esos momentos!. Nuestra habilidades son importantes, pero quiénes somos se manifiesta más aún en las decisiones que tomamos. Somos lo que hacemos. 

¿A quién se le ocurre que nuestra vida debería ser un camino lo más directo posible hacia la felicidad? ¿Qué el camino no tenga piedras? Por favor! parafraseando a mi maestro budista “¡las piedras son el camino!” Tendremos momentos bellos y tendremos de los otros, los que no elegiríamos por voluntad propia, donde gritaremos “Aleja de mí este cáliz”. Habrá momentos  donde estará clara nuestra responsabilidad en ellos, y otros fortuitos donde vaya a saber por qué combinación de planetas nos toca enfrentar solos o con otros una gran calamidad. Pero lo que es seguro, es que algunas veces en la vida, tendremos que “morder la maderita”. Entonces, en vez de preguntarnos “¿por qué a mí?”, podemos tener comprendido ya desde antes que en este mundo pasan estas cosas, NO es el paraíso, de ahí ya nos echaron hace rato.

Cuando aceptamos esto, entonces sí somos capaces de dar respuestas más creativas y corajudas. Qué vamos a hacer con el mal momento es la cosa. Y con esto no quiero decirte que no nos tomemos un tiempo para llorar, patalear y quejarnos con los dioses, al contrario, recordémosle que somos Job y no tiene porqué gustarnos la pruebita de amor y lealtad! Pero después de esto, asumiendo nuestra existencia humana con madurez y dignidad, podemos decidir cual va a ser nuestra actitud, qué ética vamos a sostener en el mal momento, a quién vamos a cuidar y cómo vamos a salir de él. Puede durar mucho o poco, puede hasta llevarse nuestra vida, pero como nos enseñó Victor Frankl, hasta el final podemos elegir, podemos actuar desde nuestra libertad posible. 
  
“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”  Viktor Frankl

Una cosa más, en el mal momento, no te quedes sola. Muchos brazos, muchas espaldas, ayudan a distribuir el peso. La cruz propia lleva nuestro nombre, pero hasta el Nazareno se dejó ayudar por Simón de Cirene. Y si algo sabemos las mujeres, es sostenernos entre nosotras en nuestros círculos de amor y amistad.




lunes, 21 de septiembre de 2015

Hoy las invito a caminar, a recorrer un camino construido por 12 baldosas, y en cada una de ellas experimentaremos una vibración, una cualidad energética. Este recorrido no lo haremos una sola vez, sino que todos los años lo transitaremos, y en cada uno de esos recorridos nos encontraremos con algo nuevo por descubrir.

Nuestro camino comienza en Aries y aquí aprendemos acerca de nuestro deseo. No vemos a otros porque estamos muy concentradas en qué queremos. Aquí iniciamos nuestro viaje, con fuerza, con vértigo, con velocidad y, sobre todo, valentía. Es el momento en que nos arrancamos una curita, cuando nos atrevemos a cruzar el bosque, cuando nos empujan hacia el centro del escenario, las sirenas de la policía, el agua en ebullición, o el constante sonar de los dedos contra la mesa.
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Para que eso que iniciamos pueda tomar forma, debemos bajar esa velocidad y entonces en Tauro nos ponemos lentas. Es tiempo de ser concreta, conectarse con los 5 sentidos, con la naturaleza y las necesidades del cuerpo. Es momento de chocolate derretido, de castillos hechos con mantas, de usar las pantuflas para patinar por el living, de largas siestas, o de atardeceres al aire libre.

Ahora que ya reposamos y descansamos es hora de jugar, curiosear y experimentar. En Géminis descubrimos y vinculamos, hay luces y sombras, buenos y malos, construimos y destruimos. Es el sonido de las campanas, caminar sobre un manto de hojas otoñales, visitar una casa embrujada, escuchar la radio, descubrir que escribir es como hablar.

En Cáncer elegimos, construimos un hogar, nos preocupamos por cuidar, proteger, nutrir y así algo nace y toma forma. Nuevamente nos detenemos, nos guarecemos en un lugar calentito, y nos rodeamos de nuestra tribu. Es momento de un abrazo, tomarse de las manos, una taza de té caliente, aromas a salvia + lavanda + vainilla, un consultorio, un viaje en globo encima de la ciudad, los molinos de viento.

Nuestro camino sigue, es hora de romper el cascarón y salir al mundo. En Leo yo soy yo, me descubro y me admiro. Es un momento narcisista, de miradas en el espejo y de reconocimientos. Es una salida en la noche porteña, tirar pintura sobre las paredes, chicles, entradas para el teatro, y mucho brillo.

Hasta que descubrimos que no estamos solas, que hay otros soles tan brillantes como yo, tan únicas y necesarias, y que cada una de ellas cumple una función. Así Virgo nos vuelve humildes, nos conecta con algo más grande y nos interroga acerca de los misterios de la vida. Es la vuelta a clases, la lavandina, las olas rompiendo, el sol besando la piel, las mosquitas en las noches de verano, el constante taconeo de los zapatos.

Y al levantar la vista nos encontramos el amor! En Libra finalmente descubrimos al otro, un otro como yo pero que no soy yo. Un otro que nos espeja, nos complementa, nos acompaña y nos equilibra. Es ese momento donde tu pareja dice sí quiero, los amuletos de la suerte, pintarse las uñas, soplar besos al aire, muestras de ballet, azúcar en la punta de la lengua, estirar las palmas de las manos.

Al avanzar en este camino, para poder construirnos, dejamos por fuera las sombras y oscuridades con las que jugábamos de niñas. Pero al pisar la baldosa de Escorpio nos salpicamos, nos manchamos, nos mojamos. Si pretendemos mantenernos limpias y pulcras perdemos fuerza y sexualidad. Animarnos a chapotear nos permite descubrir nuestra potencia y capacidad de transformación. Es terciopelo, el momento más alto en la “Rueda de la Fortuna”, el pelo al viento al viajar en moto, piel sobre piel, los imanes en la heladera, un ventilador de techo en las noches calurosas, los ojos de un gato en la oscuridad.

Una flecha atraviesa el cielo y la luz se enciende, junto con las ansias de viajar y descubrir un mundo nuevo. Sagitario disfruta del camino, de las ideas nuevas, de culturas diferentes, de aprender y festejar. Está en constante movimiento, yendo y viniendo, chichoneando con los gurúes y enseñando sin quererlo. Es un aula, las casitas en los arboles, el jet lag, el aullido de un lobo, un restaurante cinco estrellas, quemarse la lengua, caminar descalzo sobre el barro, las valijas recién armadas.

Y como en todo viaje hay un momento perfecto, una llegada, un logro, y un final. En Capricornio el aprendizaje se convierte en sabiduría. Es el momento de la primer nevada, un baño de sol sobre las rocas, insomnio, salir a la superficie, la primera respiración al salir del agua, un diploma, una rosa.

Ahora el camino empieza a descender, llevamos sólo lo indispensable, y nos animamos a pisar una baldosa extraña. En Acuario volvemos a tomar velocidad, pero ya no estamos solas, al mirar alrededor nos vemos acompañadas. Es momento de volver a vincular, a asociarnos, a construir redes y trabajar en comunidad. Son las luces de la ciudad a través de la lluvia, abrir una galletita de la suerte, tijeras y papel de regalo, escaparse por primera vez, una flor asomando por la pared, ver el sol asomar junto a tus mejores amigas.

Y finalmente en Piscis nos volvemos compasivas, nos abrimos al Amor, nos brindamos al otro y nos atrevemos a escucharlo con el corazón. Nos perdemos un poco a nosotras mismas en el afán de ayudar al prójimo. Es un bote en el lago al anochecer, un llamador de ángeles, árboles de cien años de edad, música de jazz y boas de plumas, museos de arte, diarios íntimos, y ensueños.


El viaje es circular y el camino vuelve a empezar… y así en Aries nos volveremos a encontrar con el deseo.




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