lunes, 18 de mayo de 2015

En este recorrido que venimos haciendo sobre los planetas llegamos a Neptuno y su conexión con el mundo espiritual.

La posición de Neptuno en una carta natal nos contará sobre el nivel de percepción intuitiva de la persona, sus sueños y el riesgo que tiene de sumergirse en un mundo fantasioso e irreal.

Neptuno, fue descubierto en 1846 por el astrónomo berlinés Galle y tarda casi 165 años para cumplir su órbita. Debido a que Neptuno permanece durante 14 años en el mismo signo, la interpretación a nivel individual está enfocada en la casa que ocupa y los aspectos que forma con otros planetas. Al ser un planeta transpersonal, el signo en que se encuentra nos hablará de cuestiones generacionales.

El mito nos cuenta que Poseidón (Neptuno para los romanos) reinaba sobre los mares y las aguas, era hijo de Cronos y de Rea, y hermano mayor de Zeus. Se han conservado numerosas imágenes suyas como una figura imponente con su barba y su tridente, arma que utilizaba para pescar y que había sido un regalo de los cíclopes. Su esposa Anfritrite, hija de la deidad marina Nereo, vivía a su lado en un palacio de oro bajo el mar. Estaban rodeados de un extenso séquito de ninfas y de sus hijos.

Poseidón no era un marido fiel, pues sedujo y forzó a numerosas diosas, ninfas y mortales con las que tuvo incontables descendientes. Ya antes de su boda con Anfritrite había tenido un amorío con su hermana Deméter e incluso había concebido al gigante Anteo con su abuela Gaya. El infame cíclope Polifemo también era hijo suyo y además se le atribuye la paternidad del gran héroe Teseo. Una de las muchas víctimas de la lascivia de Poseidón fue Medusa, que había sido tan bella que Poseidón había perdido el control y la había forzado en un santuario de Atenea, ella se enfadó tanto que Poseidón decidió castigarla y llenarle el cabello de serpientes. Cuando Perseo mató a Medusa poco después, tan pronto como fue decapitada nacieron de la sangre derramada los hijos de Poseidón: Crisaor y Pegaso, el caballo alado. Al igual que el resto de dioses, Poseidón podía adoptar la forma que quisiese y explotar esa habilidad para sus escarceos amorosos. Así, se disfrazaba de caballo, de toro, de ave, de carnero o de delfín.

Hubo varios conflictos entre Poseidón y el resto de los mortales. Por ejemplo, entre Poseidón y Minos, rey de Creta, cuando el rey le pidió un toro para sacrificarlo en su honor. El dios le regaló un toro blanco tan bello que el rey decidió quedárselo, lo que provocó la furia de Poseidón, que hizo que la mujer del rey, Pasifae, se enamorase del animal y copulase con él para concebir al Minotauro, criatura monstruosa con cuerpo de hombre y cabeza de toro.

Era un dios temible, caprichoso, vengativo, ciclotímico, celoso y temperamental. Se vio envuelto en varios conflictos con mortales, dioses, amigos y enemigos. Durante muchos años los marineros le dedicaron cultos y rituales para calmarlo antes de hacerse a la mar.

Así nos conectamos con la marea de nuestras emociones, que crecen y se liberan turbulentas, profundas y destructoras; o se expresan calmas, transparentes y nutritivas.

Neptuno representa la sensibilidad y la compasión, la apreciación estética, la fantasía, la imaginación y el idealismo. Es la posibilidad de conectarse con el inconsciente colectivo y los arquetipos que nos abarcan a todos en tanto humanos.

Simboliza las ansias de disolver los límites y experimentar la unidad espiritual con el resto de la creación. Podemos acercarnos a esta energía mediante la meditación, la fe y la práctica religiosa, la creatividad artística o una profunda devoción a una causa. Pero también es posible que busquemos evadirnos y refugiarnos en un mundo imaginario a través de las drogas, el alcohol o una desafortunada entrega a las pasiones.

A él pertenece el mundo de los sueños, con sus enseñanzas, su fascinación y sus engaños. Está relacionado con lo esotérico, con el silencio, con lo espiritual y con lo invisible.

Con Neptuno nos sentimos unidos con la naturaleza, nos volvemos empáticos, capaces de sentir lo que el otro siente, nos fundimos con todo lo viviente, nos transformamos en un nosotros.

Allí donde Neptuno nos toca nos volvemos permeables y nos abrirmos sensiblemente a todo lo que toca. Así somos más perceptivos a las pequeñas señales, las del mundo y las del otro.
 
Hoy te invito a abrir el corazón, dar una mano, ponerte en el lugar del otro, brindarte y sobre todo a AMAR.

Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=557

lunes, 11 de mayo de 2015
“De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza”.     Joan Manuel Serrat

La vida puede ser increíble, encadenando para nuestra felicidad momentos buenos con maravillosos, rutinas con pausas mágicas. Nos enfocamos en nuestros planes y metas, suponiendo que si lo soñamos, lo concretaremos. Nos identificamos con nuestra mejor versión, tanto para los demás como para nosotros mismos. Creemos a pie juntillas que si repetimos nuestras afirmaciones positivas, portamos la piedra que corresponde a nuestro signo, o hacemos la catarsis bioenergética o chamánica, estamos en camino hacia un seguro despertar.

Últimamente, toda la mercadería del supermercado new age, nos garantiza un progreso infinito hacia la luz si vamos adquiriendo experiencias mágicas e impactantes, siempre que seamos sumisos con el maestro o el coach de turno. Incluso en el ámbito de la psicoterapia sea esta transpersonal o no, el paciente ha devenido muchas veces discípulo, tomando como palabra santa “lo que le dijo su psicólogo”.

Hemos cambiado la fe y los ritos de las antiguas religiones por la fe y los ritos de los nuevos caminos espirituales. Los arcaicos conceptos de Dios siguen estando como sedimentos o estratos que aparecen súbitamente a la vista, ante movimientos profundos de las placas. Queremos creer, queremos profundizar, y mal que nos pese, muy en el fondo todavía queremos sentirnos protegidos ante lo abismal y lo absurdo que contemplamos cuando observamos la Vida y nuestra efímera vida humana.

Entonces, a pesar de haber sido niños aplicados, deviene la crisis. Algo sucede, no sabemos si por nuestra grandísima culpa, o por el karma de vidas anteriores, o porque tenemos algo que aprender, pero lo cierto es que quedamos patas para arriba y sin traje de baño como cuando una ola te revuelca mientras mirabas plácidamente la playa frente a vos. La crisis puede ser propia o ajena, es decir ajena de alguien tan cercano que te arrastra a vos también. Y nos quedamos sin respuesta, perdidos en un laberinto de espejos.

¿Pero cómo?  ¡Esto no estaba en mi mapa del tesoro! Pérdidas, muertes, enfermedades, duelos, tantos eventos desafortunados que pueden acaecernos, sorprenden nuestro prolijo camino de crecimiento personal.

Es que nos estamos olvidando que somos humanos, que las piedras son también el camino, y que estas crisis son la oportunidad de ir más allá de lo que hemos aprendido hasta ahora. No hay magia, es hora de bajar el copete y aceptar el vacío aunque nos dé dolor de estómago. Recién entonces empezamos a preguntarnos más profundamente quiénes somos, por qué nacemos, vivimos y morimos, y como las respuestas fáciles y repetidas ya no nos cierran, no nos queda más que soportar la incertidumbre. Nos detenemos y podemos contemplar a veces como si fuera la primera vez. Como no podemos planificar, el presente cobra una importancia enorme y cada acto de nuestro día puede ser habitado con una presencia que nunca tuvimos. Si el cuerpo duele y debe ser atendido, cada comida y cada bebida, cada postura, cada rato de sueño cobra relevancia. Una crisis es una pequeña muerte, algo de nosotros muere y se transforma, dejando el brote de una nueva vida.

Dice un antiguo proverbio zen que “Si el discípulo está preparado, el maestro aparece”. Al estar más atentos y despiertos, y sobre todo más humildes, aparece muchas veces el maestro, que no siempre será extrovertido y dulce. (Sea como sea la forma o formas que tome). Es hora de mantenerse despierto. ¡Es ahora! Corremos el riesgo de volver a dormirnos y es por eso que necesitamos una firme decisión de no soltar más ese hilo que el Destino nos está brindando. Muchas veces observo que personas que han pasado por situaciones terribles en su vida no han aprendido nada y por el contrario, se han envilecido o se han vuelto mezquinas y superficiales.

En el momento en que paro y le doy lugar a todo esto, aparece mi ser crístico, aparece el Buda en mí. Atisbo la eternidad, el todo, la unidad. Puede ser un segundo, pero el registro ya está en mí. Y compruebo que el mapa no es el territorio, que puedo comerme la Biblia y todos los Sutras del mundo, pero si no me siento y trasciendo mi cuerpo y mi mente, nunca lo comprenderé.

Ahora comienzo a danzar esta existencia con conciencia, porque estoy en el mundo y no soy del mundo. Pero esta es la experiencia que vine a hacer y debo abrazar.


“De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela”.  Joan Manuel Serrat

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domingo, 3 de mayo de 2015

Hoy te invito a hacer un salto al vacío, a confiar en esa red universal que nos sostiene y que nos hace a todos humanos, únicos e irrepetibles.

Urano, en astrología, es conocido como el planeta de la individuación, no como un proceso de crecimiento propio y diferente de los demás, sino como una pauta general que se desenvuelve en cada uno de nosotros.

Es un planeta transpersonal ya que su movimiento es más lento y marca generaciones enteras. Tarda 84 años en dar una vuelta completa y ubicarse en el mismo lugar del cielo que en el momento de nuestro nacimiento. Está compuesto por ciclos de 7 años que concuerdan con procesos evolutivos.

En la mitología, Urano es el dios del cielo y se encontraba en un abrazo eterno con Gaia, la tierra. Acudía cada noche a cubrir la tierra y de esta unión nacieron los titanes y las titánides, modelos de belleza y deidades de animales y vegetales, océanos, bosques, mares, lagos y ríos. Pero sus hijos menores resultaron ser monstruos: los Cíclopes, gigantes de un solo ojo, y los Hecatónquiros, gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas. Urano se avergonzó de ellos y decidió encerrarlos en el Tártaro, el mundo de las profundidades y la oscuridad. 

Gaia sin embargo, los amaba, así que incitó a los titanes a que se rebelaran contra su padre pero sólo Crono estuvo dispuesto a cumplir con su obligación. Gaia fabricó una hoz de piedra afilada con la que Crono le tendió una trampa a su padre, le cortó los testículos y los arrojó al mar. De las gotas de sangre que se filtraron en la tierra nacen las Furias, un símbolo de la venganza, y de los testículos, que continuaron a la deriva hasta Chipre, emergió Afrodita, la diosa del amor.

En el mundo antiguo no había altares de culto a Urano, porque precede a la creación física y por lo tanto no tiene forma. Es un dios primordial y representa un elemento de la naturaleza: el cielo, así como la fuerza de los rayos y la electricidad.

Es con esa sensación eléctrica que solemos sentirlo en el cuerpo, y que a menudo denominamos ansiedad. Nos recorre, nos moviliza, nos mantiene inquietos y si no la descargamos correctamente se puede convertir en una explosión.

Es energía de mutación y donde Urano se encuentre en nuestra carta natal nos rebelaremos y trataremos de cambiarlo para crear algo nuevo. Allí seremos considerados raros, diferentes y un poco locos. Pero también desarrollaremos nuestro trabajo en ese punto de la red que nos permite entrecruzarnos con los demás.

Nos otorgará la intuición y la previsión propias de este planeta, con una mirada rápida, abstracta y genial, que nos permitirá tomar decisiones desde el olfato y no desde la razón.

Urano nos muestra el área de nuestra vida de la muchas veces queremos huir, a veces escapando y otras intentando ser “normales”, cumpliendo con lo que se espera de nosotros. Pero, si nos animamos a enfrentar los miedos y nos mantenemos conectados, es allí donde se expresará toda nuestra creatividad y todo nuestro ser.

Diremos que es energía de red, de todo aquello que nos interconecta, y hoy tenemos el gran ejemplo de las redes sociales: nos vinculan y al mismo tiempo nos mantienen separados.

Aquí hablamos de soltar nuestro ego, atravesarlo para convertirnos en verdaderos seres sociales, atados por hilos invisibles y enlazados en pos de un objetivo común. Así podremos adaptarnos a la diversidad de experiencias que la vida nos propone, cambiando, saltando, y trabajando en conjunto para que todos nosotros podamos ir un paso más allá.

Por eso hoy te propongo que confíes en mí y saltes…


domingo, 26 de abril de 2015

Nuestro año calendario termina en diciembre, con las fiestas, sus excesos y sus balances. Si tenemos suerte enero arranca con descanso y vacaciones. Saturno nos acompaña en este pasaje sosteniendo nuestro esfuerzo hasta el final y ayudándonos a cerrar las tareas pendientes.

Saturno es el último de los planetas personales (aquellos que representan una función psicológica) y de aquellos que podemos ver a simple vista.

En la mitología romana, Saturno era el dios de la agricultura y la cosecha. Era representado como un anciano con larga y espesa barba blanca, tenía en una mano un reloj de arena y en la otra una hoz como emblema del tiempo que todo lo destruye y acaba.

Saturno era hijo de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Ellos tuvieron dos hijos, el mayor un tremendo gigante llamado Titán, y el segundo fue el Tiempo. Por ser el primogénito le correspondía  a Titán el gobierno del Universo pero su madre lo convenció de cedérselo a su hermano con la condición de que no habría de criar ningún hijo varón. Así habiéndose casado con Rea, cada vez que ésta paría un hijo varón, se lo engullía.

Rea engañó a Saturno al sustituir a su sexto hijo Júpiter por una piedra envuelta en pañales. Titán supo del engaño y ofendido hizo la guerra a su hermano Saturno, a quien venció y puso preso. Una vez adulto, Júpiter hizo la guerra a su tío Titán derrotándolo y devolviéndole el imperio del cielo a su padre. Sin embargo, el Destino había predicho a Saturno que su hijo le quitaría el reino del cielo. Así fue que persiguió a su hijo pero fue vencido por éste, que lo desterró del Olimpo. Saturno se refugió entonces en Lacio, donde se coronó rey y fundó una sociedad sin injusticias ni deshonor, regulada por una eterna primavera en la que no existían las catástrofes agrícolas. A esa época se la conoció como la “edad de oro”. Pero Júpiter, enfadado por la felicidad de su padre, lo manda a los Infiernos. La primavera eterna es destruida y se crean las cuatro temporadas que conocemos en la actualidad.
  
Los romanos le dedicaron una fiesta a Saturno para recordar esa “edad de oro”: las Saturnalias. Estas fiestas consistían principalmente en representar la igualdad que reinaba originalmente entre los hombres. Se suspendía el poder de los amos sobre sus esclavos, y éstos tenían derecho a hablar y actuar con total libertad. No se respiraba más que placer y alegría: los tribunales y las escuelas cerraban, no estaba permitida la guerra ni la ejecución de criminales, ni ejercer otro arte más que el de la cocina, se enviaban regalos y se daban suntuosas comidas. Comenzaban el 24 de diciembre de cada año y llegaron a durar 4 días.

En astrología Saturno representa al tiempo y a los procesos de maduración, con su reloj de arena va marcando los pasos de ese camino que transitamos en la vida. No puede ser acelerado ni frenado, sino simplemente aceptado. Así tendremos que buscar el ritmo que nos propone el tic-tac en nuestro interior para bailar con él.

Es el lugar de la autoridad, de la ley, de las normas y reglas, es aquello que nos provee límites y estructura. ¿Qué seríamos sin nuestro esqueleto más que una masa amorfa? Son los valores y modelos que internalizamos los que constituyen nuestro super-yo y funcionan como el esqueleto de nuestro psiquismo.

Saturno nos brinda una columna donde apoyarnos, fuerte y sólida, pero que tiene que ser suficientemente flexible para adaptarse a las distintas situaciones a las que la vida nos enfrente.

Es el lugar del padre en la carta natal, nuestro vínculo con él, con las tradiciones, con las reglas familiares y con lo que se espera que seamos. Es el lugar al que podemos recurrir cuando nos perdemos, nos caemos y necesitamos encontrar claridad. Es principio de realidad, nos muestra las cosas tal como son; ni buenas ni malas, solo reales.

Saturno tarda alrededor de 29 años en dar una vuelta completa y volver al lugar que estaba cuando nacimos. Esto coincide con el comienzo de la adultez, donde nos hacemos cargo de nuestro propio sistema de valores y creencias. Asimismo es el momento en donde empezamos a descubrir y desarrollar la energía de nuestro ascendente. Las crisis saturninas se acompañan de introspección, reflexión y soledad. Son momentos personales e intransferibles, donde nuestra personalidad madura y se despliega lenta pero segura.

Así Saturno es un aliado, un juez sabio y ecuánime, un padre sostenedor y amoroso, es realidad y esencialidad. Es la seguridad de llegar hasta el final, aceptando el tiempo, los cambios y los límites de cada uno.


domingo, 19 de abril de 2015

Fin de año nos encuentra terminando proyectos y haciendo balances de nuestro recorrido a lo largo del 2014.

“A cada cierre le corresponde una celebración” nos dirá Júpiter mientras levanta su copa para brindar y nos invita a tomarnos un momento para festejar, divertirnos, reír y agradecer.

Júpiter (Zeus para la mitología griega) era el padre de todos los dioses y el último gobernante del Olimpo. Era hijo de Saturno y Rea. ¿Recuerdan que Saturno había castrado a su padre Urano a pedido de su madre Gea y así se había convertido en el nuevo gobernante? Avisado de que esto podía sucederle a él, Saturno se devoraba a cada uno de sus hijos. Hasta que Rea se cansó y urdió un plan: reemplazó a su bebé por un pañal lleno de piedras que su padre devoró, y escondió a su hijo en la isla de Creta donde creció.

Pero, como hay sucesos que son inevitables, Júpiter se convirtió en un adulto y se enfrentó a su padre derrotándolo. Lo obligó a vomitar a cada uno de sus hijos y se repartió el mundo con sus hermanos mayores: a Neptuno le correspondió el reino de los mares y a Plutón el inframundo. Júpiter se convirtió así en el dios de la luz, su reino era el cielo, y su atributo el rayo.

Júpiter mantenía el orden entre los dioses y los hombres, e intervenía y juzgaba sus conflictos. Sus decisiones eran justas y equilibradas. Tuvo muchas aventuras amorosas y fue el padre de numerosos dioses, semidioses, ninfas, héroes y reyes.

Si hay una palabra que describe a Júpiter es expansión; ya sea viajando y conociendo nuevas culturas, como estudiando e incorporando nuevos conocimientos. La búsqueda constante, las ansias de saber, y el sentido de la vida acompañan este camino.

Es el maestro que nos guía en la vida, nos da la mano cuando nos perdemos y nos trae de vuelta a la senda, pero se retira para que aprendamos a dar nuestros propios pasos. Nos enseña a seguir esa flecha que nos impulsa a ir más allá de nuestro propio horizonte, siempre más lejos, siempre más profundo, hasta trascendernos.

Si este maestro se queda obstaculiza ese movimiento y nos retiene en el lugar de alumnos eternos. Nos entrega entonces su máscara de “maestro ciruela”, sus certezas y sus fanatismos, olvidándose de integrar los aspectos más oscuros de la vida.

Júpiter es también conocido como el planeta de la vocación, porque es allí donde podemos expresar lo mejor de nosotros mismos y brindárselo a la sociedad.

Antiguamente se lo denominaba el “gran benéfico”, ya que funciona como una lupa que expande la energía de aquello que toca. Pero recordemos que en astrología siempre hablamos de luces y sombras, así puede aumentar la luz de lo que somos o profundizar nuestras propias oscuridades y demonios.

Es también nuestro sistema de creencias, nos brinda sabiduría y espiritualidad; nuestra tarea es mantenerlo abierto, flexible y cuestionable. Integrando en cada síntesis algo nuevo y contrastándolo con cada nueva experimentación.

Así este fin de año alza tu copa y brinda por tus logros, impulsa tus deseos más allá de vos misma, experimenta algo nuevo y celebra. ¡Felices fiestas!


domingo, 12 de abril de 2015

"...Nuestra tarea debe ser liberarnos a nosotros mismos de esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión para aceptar todas las criaturas vivientes y toda la naturaleza en su belleza"  Albert Einstein

Vengo observando en los últimos tiempos, tan intensos por cierto, la rapidez con que surge el prejuicio, la descalificación, la respuesta agresiva que niega el reconocimiento al otro de ser y sentir diferente. Embarcados en una escalada de peleas, vemos al otro como nuestro oponente, postura que nos impide totalmente reconocer nuestras diferencias y nuestros derechos. Ni que hablar de la imposibilidad de negociar y acordar, algo que no puede suceder si primero no reconozco al otro y no me propongo como conducta humana en comunidad la necesidad de llegar a encuentros que nos permitan convivir. Apreciar, respetar, o amar ya sería mucho pedir! Casi una utopía en este momento.

Desvalorizar el dolor del otro, hacernos insensibles a sus sentimientos, no escuchar, descalificar, manejarnos con juicios infundados, tolerar injusticias o conductas autoritarias, mentir simplemente para ganar beneficios: nos estamos acostumbrando a esto. En mayor o menor medida nos estamos dejando llevar hacia enfrentamientos, que a esta altura ya han quebrado muchas relaciones afectivas. ¿En qué momento perdimos de vista que somos un NOSOTROS?.

Dejo por un momento el plano de observación de lo social para mirar más de cerca. Lógicamente todos, en mayor o menor medida, pertenecemos a pequeños grupos donde nos sentimos incluídos y con los cuales compartimos pertenencias, lealtades y creencias. Es más fácil identificarnos con ellos, ponernos de acuerdo y amarlos. Más allá, están ellos, los otros, los desconocidos y extraños, a los que visualizamos en gran grupo, y de los cuales desconfiamos. Si los conociéramos individualmente, si hubiéramos compartido sus momentos de alegría y de dolor, otro sería nuestro acercamiento y nuestra comprensión.

Aunque parezca una postura ingenua, mi llamado de hoy es, sobre todo, a las mujeres. Durante siglos y siglos hemos sido dentro de las comunidades, las negociadoras y conciliadoras, concientes del dolor que producen los desgarros internos. Sabemos que todos deben tener su voz y su nombre, y que la aceptación de la diversidad es clave a la hora de apostar al crecimiento. El NOSOTROS sólo se construye incluyendo y deponiendo los deseos de sometimiento de los otros.

“Todo amor genuino es compasión, y todo amor que no sea compasión es egoísmo”  Arthur Schopenhauer

AMOR Y COMPASIÓN, en qué momento estas palabras pasaron a ser tonterías descartadas en aras de la supervivencia? Es justamente al revés! El futuro de la humanidad depende del desarrollo de esos valores humanos por excelencia. Ponerse en el lugar del otro, sentir lo que el otro siente y poder acompañarlo. De eso se trata en principio la compasión. El otro humano, sufriente, en condiciones de vulnerabilidad y dolor, toca mi corazón y me transforma. La compasión es inherente al ser humano, pero se ve destruída por el miedo principalmente.

Si tenemos miedo comenzamos a defendernos y a poner barreras. Somos solamente YO, extendido en el mejor de los casos a nuestros seres queridos, a nuestro núcleo de pertenencia, que sería como una extensión de nuestro YO. Si nos dejamos tocar por la humanidad del otro, podemos escuchar, comprender y aceptar. Las personas compasivas pueden comprender, primer paso necesario para poder transformar la dificultad y el sufrimiento en una transformación resiliente.

El Budismo propone desarrollar una espalda fuerte y una frente suave: la espalda fuerte para sostenerse en las adversidades de este mundo y la frente suave para enfrentarse al mundo tal como éste es, con un corazón abierto. O sea, no hay ingenuidad: es un mundo difícil y hostil! pero esto no implica cerrar nuestros corazones. Kuan Yin, la diosa compasiva, arquetipo femenino,abre sus brazos para alcanzar a todos y con los ojos de cada una de sus manos, percibe el sufrimiento del mundo.

Observación y compasión. Vivimos esta experiencia humana y por lo tanto somos de este mundo. Pero podemos alzarnos más alto de la mera necesidad de supervivencia, y recordar que no somos de este mundo, viviendo desde el amor que desdibuje los bordes egoístas para percibir el Todo al que pertenecemos.

Si estamos despiertas, es hora de hacernos cargo de nuestra responsabilidad de participar en la construcción de la paz, expandiendo la compasión como valor universal.


domingo, 5 de abril de 2015

¿Les ha sucedido sentirse impotentes ante el sufrimiento de alguna persona cercana? Y han observado que en muchos casos ese sufrimiento tiene más que ver con la perspectiva de la persona que con la dimensión real de los motivos que lo causan?

Pues lo mismo les pasa a las personas de nuestro entorno cuando observan lo desmedido y desesperado de algunos de nuestros momentos sufrientes. A veces, los manifestamos y otras sencillamente los escondemos, pero aparecen en nuestros síntomas psicosomáticos, obsesiones, miedos y por qué no, disfrazados de "nuestra forma de ser".

Está claro que tenemos motivos para sentirnos mal, y más de una vez en la vida, sentimos que estamos para el cachetazo. No alcanzamos a levantar la cabeza del suelo que ya sin saber desde dónde, nos tiran al piso nuevamente. Malas rachas, planetas mal alineados, destinos pergeñados por algún Dios del Antiguo Testamento, etc. Como sea, hay personas que logran transformar las situaciones y transformarse con ellas, y otras que sucumben y permanecen presas en el laberinto durante años.

Conocer nuestras emociones es el primer paso en el camino de mayor conciencia. En general, fluimos automáticamente en una sucesión de situaciones que no nos dejan la pausa necesaria para poder discernir qué nos está pasando. Sobrevivimos en el día a día ocupándonos de nuestras cosas y atendiendo nuestras necesidades básicas. Nos confundimos con lo que debemos ser y lo que somos esencialmente, nos confunden nuestras sensaciones, nuestros cambios biológicos, nuestros pensamientos. Nos confunden nuestros ideales, los ideales de los que nos han criado y los ideales de nuestra cultura. Confundimos hechos con imaginarios, juicios con prejuicios, naturaleza con cultura.

 La complejidad de nuestra naturaleza psíquica implica que sólo con el tiempo y con mucha paciencia con nosotros mismos, podremos comprender nuestros diferentes aspectos y las tensiones internas que vivimos constantemente.

Creemos que nos conocemos, pero sin el desarrollo de la auto observación, estamos muy confundidos. La auto observación se entrena, y es necesario aprender a discernir para poder tomar distancia de lo que nos hace sufrir y comprender el modo particular en que sufrimos.

Al comienzo aprendemos a observar lo que ya nos pasó, con el tiempo podemos observarnos en acción, algo mucho más difícil, ya que implica entrenar una Conciencia Testigo que esté alerta cuando aparecen nuestros comportamientos automáticos. Generalmente, cuando nos sentimos amenazados emocionalmente, cuando nos sentimos vulnerables, se detonan nuestros mecanismos de defensa, que son básicamente nuestros refugios pero también pueden ser nuestras terribles trampas.


Nunca sentimos una sola emoción. Si nos observamos, podemos sentir alegría y al mismo tiempo algo de culpa por estar tan alegres. O podemos estar alegres por un acontecimiento y tristes a la vez por otro simultáneo. A esto se suma, que si no conocemos nuestros mecanismos de defensa, nos sumergimos en una visión acotada de lo que nos sucede, identificándonos con ello. Por ejemplo, si tengo un aspecto abandónico que me hace decodificar el pasado, presente y futuro desde una perspectiva de soledad y desamor, no solamente construiré esos escenarios desoladores en la realidad, sino que puedo alcanzar tremendos sufrimientos confirmados por la lista de cosas que me pasan. Claro que a veces esas cosas que me pasan, vistas desde nuestro entorno, parecen no ser tan catastróficas, lo que a su vez refuerza nuestra soledad y sentimientos de incomprensión.


Si no podemos tomar distancia y observarnos, perdemos contacto con nuestro ser profundo y sagrado, y nuestros demonios crecen, tanto para hacernos vivir una vida de montaña rusa como para hacernos vivir una vida chiquita y gris.


Cuando nos pescamos sumergidos en una perspectiva que nos hace sufrir, y que nos pone en ese pesado lugar de víctimas, muchas veces se hace difícil reaccionar. El sufrimiento tiene una inercia intensa y ciega, creemos desde la certeza más absoluta que "las cosas son así". Dramatizamos y exageramos, que sería más o menos lo mismo que decir, hacemos un berrinche, pero sin resultados. Porque no estamos buscando honestamente una salida, es más, ni siquiera imaginamos que puede haber una. Así que para salir de ese laberinto no nos queda otra que aceptar que ese laberinto es en parte, una creación de nuestra mente, y ésta es la forma de comenzar a disolverlo.


Yo recomiendo repetir y recordar cual graffiti en la pared de nuestro cuarto la frase "no es para tanto" cuando nuestro sufrimiento se torna irrevocable. No es verdad que no hay salida del laberinto. La realidad que vemos va unida a quiénes somos y a nuestra perspectiva.

 Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=458

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