domingo, 19 de abril de 2015

Fin de año nos encuentra terminando proyectos y haciendo balances de nuestro recorrido a lo largo del 2014.

“A cada cierre le corresponde una celebración” nos dirá Júpiter mientras levanta su copa para brindar y nos invita a tomarnos un momento para festejar, divertirnos, reír y agradecer.

Júpiter (Zeus para la mitología griega) era el padre de todos los dioses y el último gobernante del Olimpo. Era hijo de Saturno y Rea. ¿Recuerdan que Saturno había castrado a su padre Urano a pedido de su madre Gea y así se había convertido en el nuevo gobernante? Avisado de que esto podía sucederle a él, Saturno se devoraba a cada uno de sus hijos. Hasta que Rea se cansó y urdió un plan: reemplazó a su bebé por un pañal lleno de piedras que su padre devoró, y escondió a su hijo en la isla de Creta donde creció.

Pero, como hay sucesos que son inevitables, Júpiter se convirtió en un adulto y se enfrentó a su padre derrotándolo. Lo obligó a vomitar a cada uno de sus hijos y se repartió el mundo con sus hermanos mayores: a Neptuno le correspondió el reino de los mares y a Plutón el inframundo. Júpiter se convirtió así en el dios de la luz, su reino era el cielo, y su atributo el rayo.

Júpiter mantenía el orden entre los dioses y los hombres, e intervenía y juzgaba sus conflictos. Sus decisiones eran justas y equilibradas. Tuvo muchas aventuras amorosas y fue el padre de numerosos dioses, semidioses, ninfas, héroes y reyes.

Si hay una palabra que describe a Júpiter es expansión; ya sea viajando y conociendo nuevas culturas, como estudiando e incorporando nuevos conocimientos. La búsqueda constante, las ansias de saber, y el sentido de la vida acompañan este camino.

Es el maestro que nos guía en la vida, nos da la mano cuando nos perdemos y nos trae de vuelta a la senda, pero se retira para que aprendamos a dar nuestros propios pasos. Nos enseña a seguir esa flecha que nos impulsa a ir más allá de nuestro propio horizonte, siempre más lejos, siempre más profundo, hasta trascendernos.

Si este maestro se queda obstaculiza ese movimiento y nos retiene en el lugar de alumnos eternos. Nos entrega entonces su máscara de “maestro ciruela”, sus certezas y sus fanatismos, olvidándose de integrar los aspectos más oscuros de la vida.

Júpiter es también conocido como el planeta de la vocación, porque es allí donde podemos expresar lo mejor de nosotros mismos y brindárselo a la sociedad.

Antiguamente se lo denominaba el “gran benéfico”, ya que funciona como una lupa que expande la energía de aquello que toca. Pero recordemos que en astrología siempre hablamos de luces y sombras, así puede aumentar la luz de lo que somos o profundizar nuestras propias oscuridades y demonios.

Es también nuestro sistema de creencias, nos brinda sabiduría y espiritualidad; nuestra tarea es mantenerlo abierto, flexible y cuestionable. Integrando en cada síntesis algo nuevo y contrastándolo con cada nueva experimentación.

Así este fin de año alza tu copa y brinda por tus logros, impulsa tus deseos más allá de vos misma, experimenta algo nuevo y celebra. ¡Felices fiestas!

Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=485

domingo, 12 de abril de 2015

"...Nuestra tarea debe ser liberarnos a nosotros mismos de esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión para aceptar todas las criaturas vivientes y toda la naturaleza en su belleza"  Albert Einstein

Vengo observando en los últimos tiempos, tan intensos por cierto, la rapidez con que surge el prejuicio, la descalificación, la respuesta agresiva que niega el reconocimiento al otro de ser y sentir diferente. Embarcados en una escalada de peleas, vemos al otro como nuestro oponente, postura que nos impide totalmente reconocer nuestras diferencias y nuestros derechos. Ni que hablar de la imposibilidad de negociar y acordar, algo que no puede suceder si primero no reconozco al otro y no me propongo como conducta humana en comunidad la necesidad de llegar a encuentros que nos permitan convivir. Apreciar, respetar, o amar ya sería mucho pedir! Casi una utopía en este momento.

Desvalorizar el dolor del otro, hacernos insensibles a sus sentimientos, no escuchar, descalificar, manejarnos con juicios infundados, tolerar injusticias o conductas autoritarias, mentir simplemente para ganar beneficios: nos estamos acostumbrando a esto. En mayor o menor medida nos estamos dejando llevar hacia enfrentamientos, que a esta altura ya han quebrado muchas relaciones afectivas. ¿En qué momento perdimos de vista que somos un NOSOTROS?.

Dejo por un momento el plano de observación de lo social para mirar más de cerca. Lógicamente todos, en mayor o menor medida, pertenecemos a pequeños grupos donde nos sentimos incluídos y con los cuales compartimos pertenencias, lealtades y creencias. Es más fácil identificarnos con ellos, ponernos de acuerdo y amarlos. Más allá, están ellos, los otros, los desconocidos y extraños, a los que visualizamos en gran grupo, y de los cuales desconfiamos. Si los conociéramos individualmente, si hubiéramos compartido sus momentos de alegría y de dolor, otro sería nuestro acercamiento y nuestra comprensión.

Aunque parezca una postura ingenua, mi llamado de hoy es, sobre todo, a las mujeres. Durante siglos y siglos hemos sido dentro de las comunidades, las negociadoras y conciliadoras, concientes del dolor que producen los desgarros internos. Sabemos que todos deben tener su voz y su nombre, y que la aceptación de la diversidad es clave a la hora de apostar al crecimiento. El NOSOTROS sólo se construye incluyendo y deponiendo los deseos de sometimiento de los otros.

“Todo amor genuino es compasión, y todo amor que no sea compasión es egoísmo”  Arthur Schopenhauer

AMOR Y COMPASIÓN, en qué momento estas palabras pasaron a ser tonterías descartadas en aras de la supervivencia? Es justamente al revés! El futuro de la humanidad depende del desarrollo de esos valores humanos por excelencia. Ponerse en el lugar del otro, sentir lo que el otro siente y poder acompañarlo. De eso se trata en principio la compasión. El otro humano, sufriente, en condiciones de vulnerabilidad y dolor, toca mi corazón y me transforma. La compasión es inherente al ser humano, pero se ve destruída por el miedo principalmente.

Si tenemos miedo comenzamos a defendernos y a poner barreras. Somos solamente YO, extendido en el mejor de los casos a nuestros seres queridos, a nuestro núcleo de pertenencia, que sería como una extensión de nuestro YO. Si nos dejamos tocar por la humanidad del otro, podemos escuchar, comprender y aceptar. Las personas compasivas pueden comprender, primer paso necesario para poder transformar la dificultad y el sufrimiento en una transformación resiliente.

El Budismo propone desarrollar una espalda fuerte y una frente suave: la espalda fuerte para sostenerse en las adversidades de este mundo y la frente suave para enfrentarse al mundo tal como éste es, con un corazón abierto. O sea, no hay ingenuidad: es un mundo difícil y hostil! pero esto no implica cerrar nuestros corazones. Kuan Yin, la diosa compasiva, arquetipo femenino,abre sus brazos para alcanzar a todos y con los ojos de cada una de sus manos, percibe el sufrimiento del mundo.

Observación y compasión. Vivimos esta experiencia humana y por lo tanto somos de este mundo. Pero podemos alzarnos más alto de la mera necesidad de supervivencia, y recordar que no somos de este mundo, viviendo desde el amor que desdibuje los bordes egoístas para percibir el Todo al que pertenecemos.

Si estamos despiertas, es hora de hacernos cargo de nuestra responsabilidad de participar en la construcción de la paz, expandiendo la compasión como valor universal.

Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=530

domingo, 5 de abril de 2015

¿Les ha sucedido sentirse impotentes ante el sufrimiento de alguna persona cercana? Y han observado que en muchos casos ese sufrimiento tiene más que ver con la perspectiva de la persona que con la dimensión real de los motivos que lo causan?

Pues lo mismo les pasa a las personas de nuestro entorno cuando observan lo desmedido y desesperado de algunos de nuestros momentos sufrientes. A veces, los manifestamos y otras sencillamente los escondemos, pero aparecen en nuestros síntomas psicosomáticos, obsesiones, miedos y por qué no, disfrazados de "nuestra forma de ser".

Está claro que tenemos motivos para sentirnos mal, y más de una vez en la vida, sentimos que estamos para el cachetazo. No alcanzamos a levantar la cabeza del suelo que ya sin saber desde dónde, nos tiran al piso nuevamente. Malas rachas, planetas mal alineados, destinos pergeñados por algún Dios del Antiguo Testamento, etc. Como sea, hay personas que logran transformar las situaciones y transformarse con ellas, y otras que sucumben y permanecen presas en el laberinto durante años.

Conocer nuestras emociones es el primer paso en el camino de mayor conciencia. En general, fluimos automáticamente en una sucesión de situaciones que no nos dejan la pausa necesaria para poder discernir qué nos está pasando. Sobrevivimos en el día a día ocupándonos de nuestras cosas y atendiendo nuestras necesidades básicas. Nos confundimos con lo que debemos ser y lo que somos esencialmente, nos confunden nuestras sensaciones, nuestros cambios biológicos, nuestros pensamientos. Nos confunden nuestros ideales, los ideales de los que nos han criado y los ideales de nuestra cultura. Confundimos hechos con imaginarios, juicios con prejuicios, naturaleza con cultura.

 La complejidad de nuestra naturaleza psíquica implica que sólo con el tiempo y con mucha paciencia con nosotros mismos, podremos comprender nuestros diferentes aspectos y las tensiones internas que vivimos constantemente.

Creemos que nos conocemos, pero sin el desarrollo de la auto observación, estamos muy confundidos. La auto observación se entrena, y es necesario aprender a discernir para poder tomar distancia de lo que nos hace sufrir y comprender el modo particular en que sufrimos.

Al comienzo aprendemos a observar lo que ya nos pasó, con el tiempo podemos observarnos en acción, algo mucho más difícil, ya que implica entrenar una Conciencia Testigo que esté alerta cuando aparecen nuestros comportamientos automáticos. Generalmente, cuando nos sentimos amenazados emocionalmente, cuando nos sentimos vulnerables, se detonan nuestros mecanismos de defensa, que son básicamente nuestros refugios pero también pueden ser nuestras terribles trampas.

 Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=458

Nunca sentimos una sola emoción. Si nos observamos, podemos sentir alegría y al mismo tiempo algo de culpa por estar tan alegres. O podemos estar alegres por un acontecimiento y tristes a la vez por otro simultáneo. A esto se suma, que si no conocemos nuestros mecanismos de defensa, nos sumergimos en una visión acotada de lo que nos sucede, identificándonos con ello. Por ejemplo, si tengo un aspecto abandónico que me hace decodificar el pasado, presente y futuro desde una perspectiva de soledad y desamor, no solamente construiré esos escenarios desoladores en la realidad, sino que puedo alcanzar tremendos sufrimientos confirmados por la lista de cosas que me pasan. Claro que a veces esas cosas que me pasan, vistas desde nuestro entorno, parecen no ser tan catastróficas, lo que a su vez refuerza nuestra soledad y sentimientos de incomprensión.


Si no podemos tomar distancia y observarnos, perdemos contacto con nuestro ser profundo y sagrado, y nuestros demonios crecen, tanto para hacernos vivir una vida de montaña rusa como para hacernos vivir una vida chiquita y gris.


Cuando nos pescamos sumergidos en una perspectiva que nos hace sufrir, y que nos pone en ese pesado lugar de víctimas, muchas veces se hace difícil reaccionar. El sufrimiento tiene una inercia intensa y ciega, creemos desde la certeza más absoluta que "las cosas son así". Dramatizamos y exageramos, que sería más o menos lo mismo que decir, hacemos un berrinche, pero sin resultados. Porque no estamos buscando honestamente una salida, es más, ni siquiera imaginamos que puede haber una. Así que para salir de ese laberinto no nos queda otra que aceptar que ese laberinto es en parte, una creación de nuestra mente, y ésta es la forma de comenzar a disolverlo.


Yo recomiendo repetir y recordar cual graffiti en la pared de nuestro cuarto la frase "no es para tanto" cuando nuestro sufrimiento se torna irrevocable. No es verdad que no hay salida del laberinto. La realidad que vemos va unida a quiénes somos y a nuestra perspectiva.
domingo, 29 de marzo de 2015

Para la astrología, los planetas representan las funciones psicológicas presentes en todos nosotros.

Así distingue 7 planetas personales: Luna (mecanismos de defensa), Sol (identidad), Venus (femenino, pareja), Marte (masculino, deseo), Mercurio (comunicación), Júpiter (vocación) y Saturno (súper yo). Y 3 planetas transpersonales: Plutón (transformación), Neptuno (disolución) y Urano (cambios), que al tardar muchos años en dar una vuelta completa nos hablan de lo generacional. Ellos van a teñir alguna o varias de las funciones personales.

Plutón fue descubierto el 18 de febrero de 1930 por el astrónomo estadounidense Clyde William Tombaugh (1906-1997). Hasta el 2006 fue considerado el noveno planeta del Sistema Solar, pero debido a una redefinición del concepto de planeta, Plutón es considerado actualmente un planeta enano.

Desde el punto de vista astrológico, Plutón sigue ocupando la misma función de siempre en nuestra carta natal. 

Plutón en la mitología romana (Hades para la mitología griega) es el dios del inframundo. Era hijo de Saturno y Rea, y esposo de Proserpina, a quien raptó para casarse con ella.

En alguna parte del reino de las sombras tenía el dios su palacio, al que nadie, salvo él y su esposa Perséfone, tenía acceso. Aunque también dicen que está cerca del Erebo, el lugar más sombrío e inaccesible de los Infiernos. Plutón era un dios barbado y tenebroso; un justiciero implacable, aunque no malvado, que se sentaba en las profundidades del submundo con un cetro en las manos y gobernaba impasible a las almas de los muertos que poblaban su reino sombrío y desconocido; no representaba a la muerte, sino que simplemente era el dios de los muertos. Poseía un casco que lo hacía invisible, regalo de los Cíclopes, su bien más preciado.

Además era considerado el dios de las riquezas, ya que bajo tierra se encuentran los minerales y piedras preciosas.

Así reina Plutón sobre nuestro inconsciente, nos pide que nos detengamos y profundicemos, que nos animemos a meter los pies en el barro y que nos entreguemos a procesos que son inevitables. A cambio nos da energía, recursos, riquezas y nos ayuda liberarnos de lo viejo y en desuso. No es un juez ni un carcelero, sino un sabio justo pero despiadado.

Es el planeta de la transformación y cuando está en tránsito por nuestra carta natal nos va a exigir que cambiemos la piel. La sensación que lo acompaña suele ser de pérdida y dolor, porque su aprendizaje implica soltar aquello a lo que estamos más aferrados. Nos invita a mirar a nuestros demonios a la cara, a enfrentar nuestros temores y a alquimizar esos rasgos despreciados de nuestra personalidad para transmutarlos en algo superador.

Pero Plutón es también intensidad, pasión y potencia; allí donde se vincula con otro planeta absolutiza su función y desbalancea nuestra carta natal. Entonces nuestra madre (Luna) se volverá poderosa, nuestro súper yo (Saturno) será sádico o nuestra vocación (Júpiter) nos llevará a las profundidades. Entre estas infinitas escenas encontramos un denominador común, cuanto menos les prestamos atención más grandes y atemorizantes se vuelven nuestros fantasmas.

Por eso hoy es momento de visitar nuestros aspectos más sombríos, ocultos y misterios. Hoy es tiempo de mirar a nuestra sombra a los ojos y sumergirnos en las aguas de nuestro propio inconsciente.

domingo, 22 de marzo de 2015

“Reí cuando me dijeron que un pez dentro del agua tiene sed” Kabir (místico de la India)

Una constante en estos días de diciembre suelen ser las reuniones para despedir el año con los amigos, así que las agendas están repletas de almuerzos, cenas y brindis por doquier. Uno se pregunta qué necesidad hay de acumular todos los encuentros y buenos deseos en tan pocos días, teniendo disponible todo el año, máxime teniendo en cuenta que además se suman los cierres de cuanta actividad escolar anual de los hijos y sobrinos se hayan realizado, las muestras de teatro, baile, comedia musical, canto, propios y de conocidos, las fiestas de las instituciones y empresas, etc. etc. 

Las listas de pendientes comienzan a sonar en alerta naranja. Los exámenes de los hijos nos agregan tensión a la cotidianidad. Asimismo, comienzan las consabidas consultas familiares directas o indirectas sobre con quien vamos a pasar las fiestas! La organización y compras de los benditos regalos de Papá Noel, si es que el presupuesto alcanza, teniendo en cuenta que también queremos guardar un dinerito para las vacaciones y sobrevivir el verano. Si es posible, queremos dejar las cosas más o menos acomodadas antes de que termine el año, misión imposible si las hay! Diciembre, mes caliente.

Pero en el medio de toda esta movida, si hemos aprendido algo durante los meses transcurridos, encontramos momentos que son verdaderas perlas. De pronto, las reflexiones sobre lo vivido se expresan en muchas de estas reuniones desde lo más profundo de nuestro corazón. Se nos invita a hacer un balance sincero, a parar un momento en este camino vertiginoso, y a exponer, exponernos, a preguntarnos donde estamos, cuantos pasos dimos y hacia donde, a reconocer hacia atrás, a reconocernos, a sacar cuentas para saber si nos hemos empobrecido o tenemos ganancias. Se nos invita también a escuchar y acompañar a nuestros compañeros de ruta, a ser empáticos y solidarios con el que no la está pasando bien. Se nos invita a revisar nuestro espíritu navideño, a ver cuán lejos podemos ir con nuestro amor  y nuestra declarada ética. 

Diciembre puede ser un mes de cansancio y conflictos. Puede ser también un mes de renovar duelos. Suele ser un mes de despedidas, de separaciones, incluso de comienzo de procesos terapéuticos, aunque no lo crean. Diciembre, mes intenso.

¡Que se cumplan los deseos en el próximo año!, es el deseo expresado en los brindis. He notado en los encuentros con amigos, de más de cincuenta años la mayoría, que nuestros deseos dejan de ser en general sobre algo concreto. No tenemos muchas expectativas sobre los regalitos de la Navidad. Que estemos juntos, que pasemos buenos momentos, que sepamos aprovechar lo que la vida traiga, que seamos cada vez más libres y mejores personas, que nuestros padres y nuestros hijos estén bien, que tengamos paz, que nuestro país y nuestro mundo tenga paz. Y no es que tengamos todo lo que se nos ocurra para la comodidad de nuestras vidas ni que si vienen no lo recibiremos con placer! Es que el eje de lo importante y urgente ha cambiado, estamos más despiertos. 

Cuando el maestro zen alcanzó la iluminación, escribió lo siguiente para celebrarlo: “¡Oh, prodigio maravilloso: puedo cortar madera y sacar agua del pozo!” 

Detenernos a celebrar nuestros objetivos cumplidos es sumamente importante. Detenernos a celebrar y a agradecer la vida, mucho más. Y acá te invito, me invito, a hacer un pasito extra: a ser un testigo de la existencia, a observar desde ese lugar interior divino y eterno este momentito de la eternidad que es este diciembre. Si por algunos instantes podemos detener la carrera y las expectativas y solamente ser, estar siendo, podremos ver. Ver que estamos viviendo esta experiencia humana, con todo lo que ella nos trae, que somos de este mundo y no somos de este mundo. Y entonces todo sigue sucediendo de la misma manera pero nosotros lo estamos viendo con asombro desde otra perspectiva, que nos permite maravillarnos con cada abrazo, con cada risa y cada lágrima. La vida nos trae muchos momentos novedosos, algunos de los cuales tememos y ese temor nos mantiene dormidos, domesticados. La única libertad verdadera surge del estar despiertos.

La vida va pasando rápido y no podemos morir sin haber vivido. Mucha gente que está en este mundo no está viva. Estar despierto, estar consciente, es la manera genuina de estar vivo.

“Un famoso gurú alcanzó la iluminación. Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿qué consiguió como resultado de su iluminación? ¿Qué le produjo?.  El hombre respondió: bien, voy a contarles lo que me produjo: cuando como, como; cuando miro, miro; cuando escucho, escucho. Eso fue lo que me produjo. Los discípulos replicaron: ¡pero todo el mundo hace eso!. Y el maestro se río a carcajadas: ¿Todo el mundo hace eso? ¡Entonces todo el mundo debe estar iluminado!” Anthony de Mello – Dios, ese desconocido

Podés leer más aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=486 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Lilith, en la astrología, hace referencia al lado oscuro de lo femenino, a las cosas ocultas, a lo reprimido, a las experiencias dolorosas, allí donde nos cuestionamos nuestras vidas, trabajos, creencias y a nosotras mismas.

Se ha hablado de ella como una mujer libidinosa, adicta al sexo, peligrosa, manipuladora, que usaba a los hombres para tener sexo y luego los mataba. Se la ha nombrado la Reina de los Vampiros y la Señora de los Demonios. Representa la contracara femenina de Eva.

En la Astrología, Lilith señala el punto de la herida, el dolor, la prueba que uno debe hacer para superar su obsesión. Es el lado oscuro, oculto, misterioso, profundo, apasionado e intenso de lo femenino. Es nuestra propia sombra que se agiganta cuando no la miramos y se nos enrosca como serpiente cuando no le damos su lugar. 

Lilith representa a la mujer emancipada, la que no se somete al hombre y busca la igualdad, y es por eso que es el símbolo del movimiento femenino. Nos habla de la sombra de la mujer que somos, una mujer activa y sexuada, pero una sombra inacabable que nos conecta con lo instintivo y con la profundidad de nuestro inconsciente.


lunes, 27 de octubre de 2014

Quiero contarles algo íntimo. Quizás a ustedes les esté pasando algo parecido y les agradecería si pueden compartir conmigo sus experiencias. Yo ya estoy grande, como dice mi amiga Alecka, y como a muchas de ustedes, me está tocando el tiempo de los padres grandes. Es decir, mi mamá está grande, obviamente bastante más que yo. Desde hace algunos años la observo envejecer y es como si fuera abriendo camino, mostrándonos paisajes que todavía no conocemos, pero ella, aventurera, se anima y lo comparte.

Pasaron los años, (ella tenía más o menos la edad que yo tengo ahora), y fue saliendo del bosque, porque sabía que estaba viva, aunque había estado muerta, y que algún sentido debía tener esto. Se convirtió en una buscadora, atenta a las enseñanzas de muchos maestros, al silencio, a las señales. Se encontró con sus dragones, con sus enojos, sus miedos y sus contradicciones. Todo lo que aprendió lo fue compartiendo con entusiasmo. Entra y sale del bosque como si volara, siempre dispuesta a ofrecer las pociones o las palabras mágicas.

Mi madre sabe que más tarde o más temprano nos despedimos de esta experiencia humana. Y no se espanta. Porque ella ya vive entre dos mundos, éste y otro más luminoso. Es una bruja de las buenas, de las que hacen falta. Yo la veo, y agradezco a Dios su presencia cada día.


Leer la nota completa aquí: http://www.dmujeres.com.ar/contenido.php?id_seccion=434


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