lunes, 1 de septiembre de 2014

El primer acercamiento que tenemos a la astrología es a través de nuestro signo solar. Cuando respondemos a la pregunta ¿de qué signo sos? estamos diciendo en dónde está nuestro Sol, lo cual está determinado por nuestra fecha de nacimiento. Es por esto que nos escucharán decir, muchas veces, que conocer el signo de una persona constituye sólo una pequeña parte de lo que ella es en su totalidad.

El Sol representa nuestro Yo, nuestro Ego consciente, ese lugar que nos centra y en donde construimos una identidad separada y diferenciada de los demás. Así el Sol es la punta del iceberg, aquello que reconocemos en la superficie de nuestra personalidad. 

El Sol nos propone una aventura, una búsqueda, que llamamos "el viaje del héroe".
  
“El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura. Allí encuentra la presencia de una sombra que cuida el paso. El héroe puede derrotar o conciliar con esta fuerza y entrar vivo al reino de la oscuridad, o puede ser muerto por el oponente y descender a la muerte. Detrás del umbral, después, el héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente, otras le dan una ayuda mágica. Cuando llega al nadir del periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa. El triunfo puede ser representado como la unión sexual del héroe y la diosa madre del mundo, el reconocimiento del padre-creador, su propia divinización o también, si las fuerzas le han permanecido hostiles, el robo del don que ha venido a ganar, intrínsecamente es la expansión de la conciencia y por ende del ser. El trabajo final es el del regreso. Si las fuerzas han bendecido al héroe, ahora éste se mueve bajo su protección; si no huye y es perseguido. En el umbral del retorno, las fuerzas trascendentales deben permanecer atrás; el héroe vuelve a emerger del reino de la congoja. El bien que trae restaura al mundo”.

El Héroe de las Mil Caras, Joseph Campbell

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lunes, 25 de agosto de 2014

“Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos” (de La sociedad de los poetas muertos)

Frustración, enojo, tristeza, sorpresa, culpa, horror, ganas de gritarles un NO enorme y a la vez de abrazarlos a los pies de sus cruces. Hace pocos días Robin Williams se suicidó, y esta noticia es demasiado triste para muchos de nosotros.Podría nombrar a muchos; de los cercanos por ejemplo, a René Favaloro. Todos recordamos esa muerte, como si con él se hubiera ido un poco nuestra fe en que algún día las cosas cambiarían. Cada vez que cantamos Alfonsina y el mar, recordamos la historia de amor conmovedora de la poetisa y nuestras penas de amor. También con Robin Williams se van sus personajes que nos han dado alegría y fe. Cada uno de nosotros tiene su lista de cercanos. Y la partida de cada uno de ellos nos deja en el borde de la existencia, desnudos, sin respuesta.

Las personas que se suicidan rápida o lentamente, nos dan miedo. Nos dan miedo ellos y lo que hacen. Excluirlos es la solución fácil. Incluirlos en el gran alma familiar o comunitaria, es la condición sine qua non para sanar. Y otra vez, caemos en la cuenta, de que la salvación es, solamente, si es con todos.

Se necesita mucho coraje para desentrañar estas dolorosas historias. Sólo las brujas de las tribus tenemos la fuerza para encargarnos de esto. Es nuestra responsabilidad llevar luz a esas oscuridades. Vivamos entonces según esa sabiduría que supimos conseguir.

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lunes, 18 de agosto de 2014

“Solamente lo que somos en realidad, tiene el poder de curar” Carl G. Jung

Cuando las papas queman, comienza la posibilidad de conocer territorios inexplorados de nosotros mismos. Nos quedamos consternados ante las nuevas circunstancias preguntándonos ¿por qué a mí?, ¿por qué esto?, y en el mejor de los casos, analizamos rápidamente la situación, evaluando la mejor estrategia para resolver cómo volver a nuestra calma anterior.

No siempre es posible volver a lo conocido, ya que nos vemos arrojados a una vorágine de acontecimientos que nos llevan a un territorio  inimaginable un par de días atrás. Y en ese nuevo territorio estamos obligados a quedarnos por un tiempo y aprender una nueva vida.

La primera opción de muchos de nosotros es desistir, deprimirnos, patalear contra el mundo, Dios, y todos los favorecidos por la vida que siguen gozando de las condiciones anteriores como si nada pasara. El deseo de morir para no tener que atravesar la catástrofe es frecuente. Como niños desprotegidos rogamos por un padre o una madre que nos sostenga.

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lunes, 11 de agosto de 2014

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar  y también de la alegría

Mario Benedetti

lunes, 4 de agosto de 2014

Amigas, es hora de reírnos un poco. A pesar de nosotras mismas y del entorno, es posible y necesaria una decidida actitud de buen humor. 

Sé que a muchas de ustedes puede parecerles una propuesta superficial, sin asidero, sobre todo si nos ponemos a ver el noticiero. El mal humor generalizado es una señal de alarma importante, el mal humor es contagioso, epidémico y peligroso. No digo que la gente con mal humor no tenga razón, pero sostenerlo todo el tiempo sólo nos llevará a escalar los niveles de conflicto. Puede tornarse un padecimiento crónico o un mal hábito, desequilibra químicamente nuestro organismo y deteriora las relaciones con los otros. 

El malhumorado no sabe cuál es su deseo, vive frustrado y con el no en la punta de la lengua, siempre está a la defensiva o agrediendo con sus comentarios o su silencio. Y lo peor, como dije antes, es que contagia por imitación o por reacción. Un ambiente donde uno o dos se despachan con su mal humor cotidianamente, se torna cada vez más un ambiente irritante y amargado. 

Concédeme, Señor, una buena digestión, también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: YO.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás.
Así sea. (Santo Thomas Morus, 1478-1535)

Y si tenés la oportunidad de reírte a carcajadas, no la pierdas. Es un masaje para todo tu cuerpo pero sobre todo para tu espíritu. Defender la alegría, como reza el poema de Benedetti, se hace imprescindible en estos tiempos.

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lunes, 28 de julio de 2014

Todos o casi todos sabemos como somos cuando amamos profundamente. Hemos pasado por esa experiencia y nos conocemos en eso de estar amando: somos incondicionales, respetuosos, empáticos, generosos y felices.

Cuando amamos profundamente, sobre todo somos capaces de ver al otro, comprendiendo que tiene sus propias luces y sombras. Algunos amores nos salen redonditos, fáciles, todo va sucediendo fluidamente y somos felices amando a ese ser que no es ni perfecto ni ideal, y ni siquiera está disponible permanentemente para nosotros.

A veces nos pasa con nuestros hijos, pocas con nuestros padres, a veces con nuestras parejas, muchas veces con nuestros animales. En estos vínculos, cuando el amado se equivoca mostrando sus defectos o miserias, somos capaces de perdonar y comprender.

Lamentablemente, cuando hablamos de amor tenemos que admitir que es una materia complicada y difícil de aprobar. El amor es misterioso, nos trae con seguridad algunos infiernos, perdemos la razón,  hacemos locuras, somos posesivos, nos atacamos de celos, nos sentimos abandonados, en fin, el amor, tal como lo conocemos generalmente, nos pone en un camino de aprendizaje. Es que en nuestra cultura hemos aprendido el amor como pasión, enamoramiento, posesión, intercambio exclusivo, dependencia y apego. El amor romántico es comprendido como el verdadero amor.

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”   Saint-Exupery

Por eso creo que si perseveramos en nuestro crecimiento amoroso, es nuestra voluntad de amar la que se revela. Decidimos amar y lo hacemos muchas veces en el momento más crítico y conscientes de nuestros límites y miserias. Decidimos amar desde nuestro corazón, nuestra mente y nuestras tripas.

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lunes, 21 de julio de 2014

La Luna ocupa un lugar muy importante en una Carta Natal. En ella está representado el vínculo con la madre y con aquellos que hacen de madre, y nos cuenta un poco de ese lugar en el que nacimos.


La Luna representa, en una Carta Natal, a la Madre: nuestra madre y la madre que podemos ser. Es, por lo tanto, ese lugar de seguridad al que recurrimos cuando estamos asustadas, angustiadas o doloridas. Es por esto que la Luna nos habla acerca de nuestros mecanismos de defensa. De un lugar infantil y primitivo que nos calma y nos hace sentir seguras, aunque no sea cómodo y muchas veces resulte completamente paradójico.

Los mecanismos de defensa, que por definición son primitivos e inconscientes, nos permiten resguardarnos y cuidarnos de un entorno o situación desfavorable. Un mecanismo que permanece activo y rígido nos aísla y distancia de los demás, y así nos dificulta resolver. Como siempre, y como en todo, son los extremos los que tenemos que evitar.

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