lunes, 18 de agosto de 2014

“Solamente lo que somos en realidad, tiene el poder de curar” Carl G. Jung

Cuando las papas queman, comienza la posibilidad de conocer territorios inexplorados de nosotros mismos. Nos quedamos consternados ante las nuevas circunstancias preguntándonos ¿por qué a mí?, ¿por qué esto?, y en el mejor de los casos, analizamos rápidamente la situación, evaluando la mejor estrategia para resolver cómo volver a nuestra calma anterior.

No siempre es posible volver a lo conocido, ya que nos vemos arrojados a una vorágine de acontecimientos que nos llevan a un territorio  inimaginable un par de días atrás. Y en ese nuevo territorio estamos obligados a quedarnos por un tiempo y aprender una nueva vida.

La primera opción de muchos de nosotros es desistir, deprimirnos, patalear contra el mundo, Dios, y todos los favorecidos por la vida que siguen gozando de las condiciones anteriores como si nada pasara. El deseo de morir para no tener que atravesar la catástrofe es frecuente. Como niños desprotegidos rogamos por un padre o una madre que nos sostenga.

Podés leer la nota entera aquí: DMujeres


 
lunes, 11 de agosto de 2014

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar  y también de la alegría

Mario Benedetti

lunes, 4 de agosto de 2014

Amigas, es hora de reírnos un poco. A pesar de nosotras mismas y del entorno, es posible y necesaria una decidida actitud de buen humor. 

Sé que a muchas de ustedes puede parecerles una propuesta superficial, sin asidero, sobre todo si nos ponemos a ver el noticiero. El mal humor generalizado es una señal de alarma importante, el mal humor es contagioso, epidémico y peligroso. No digo que la gente con mal humor no tenga razón, pero sostenerlo todo el tiempo sólo nos llevará a escalar los niveles de conflicto. Puede tornarse un padecimiento crónico o un mal hábito, desequilibra químicamente nuestro organismo y deteriora las relaciones con los otros. 

El malhumorado no sabe cuál es su deseo, vive frustrado y con el no en la punta de la lengua, siempre está a la defensiva o agrediendo con sus comentarios o su silencio. Y lo peor, como dije antes, es que contagia por imitación o por reacción. Un ambiente donde uno o dos se despachan con su mal humor cotidianamente, se torna cada vez más un ambiente irritante y amargado. 

Concédeme, Señor, una buena digestión, también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: YO.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás.
Así sea. (Santo Thomas Morus, 1478-1535)

Y si tenés la oportunidad de reírte a carcajadas, no la pierdas. Es un masaje para todo tu cuerpo pero sobre todo para tu espíritu. Defender la alegría, como reza el poema de Benedetti, se hace imprescindible en estos tiempos.

Podés leer la nota entera aquí: DMujeres


lunes, 28 de julio de 2014

Todos o casi todos sabemos como somos cuando amamos profundamente. Hemos pasado por esa experiencia y nos conocemos en eso de estar amando: somos incondicionales, respetuosos, empáticos, generosos y felices.

Cuando amamos profundamente, sobre todo somos capaces de ver al otro, comprendiendo que tiene sus propias luces y sombras. Algunos amores nos salen redonditos, fáciles, todo va sucediendo fluidamente y somos felices amando a ese ser que no es ni perfecto ni ideal, y ni siquiera está disponible permanentemente para nosotros.

A veces nos pasa con nuestros hijos, pocas con nuestros padres, a veces con nuestras parejas, muchas veces con nuestros animales. En estos vínculos, cuando el amado se equivoca mostrando sus defectos o miserias, somos capaces de perdonar y comprender.

Lamentablemente, cuando hablamos de amor tenemos que admitir que es una materia complicada y difícil de aprobar. El amor es misterioso, nos trae con seguridad algunos infiernos, perdemos la razón,  hacemos locuras, somos posesivos, nos atacamos de celos, nos sentimos abandonados, en fin, el amor, tal como lo conocemos generalmente, nos pone en un camino de aprendizaje. Es que en nuestra cultura hemos aprendido el amor como pasión, enamoramiento, posesión, intercambio exclusivo, dependencia y apego. El amor romántico es comprendido como el verdadero amor.

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”   Saint-Exupery

Por eso creo que si perseveramos en nuestro crecimiento amoroso, es nuestra voluntad de amar la que se revela. Decidimos amar y lo hacemos muchas veces en el momento más crítico y conscientes de nuestros límites y miserias. Decidimos amar desde nuestro corazón, nuestra mente y nuestras tripas.

Podés leer la nota entera aquí: DMujeres


lunes, 21 de julio de 2014

La Luna ocupa un lugar muy importante en una Carta Natal. En ella está representado el vínculo con la madre y con aquellos que hacen de madre, y nos cuenta un poco de ese lugar en el que nacimos.


La Luna representa, en una Carta Natal, a la Madre: nuestra madre y la madre que podemos ser. Es, por lo tanto, ese lugar de seguridad al que recurrimos cuando estamos asustadas, angustiadas o doloridas. Es por esto que la Luna nos habla acerca de nuestros mecanismos de defensa. De un lugar infantil y primitivo que nos calma y nos hace sentir seguras, aunque no sea cómodo y muchas veces resulte completamente paradójico.

Los mecanismos de defensa, que por definición son primitivos e inconscientes, nos permiten resguardarnos y cuidarnos de un entorno o situación desfavorable. Un mecanismo que permanece activo y rígido nos aísla y distancia de los demás, y así nos dificulta resolver. Como siempre, y como en todo, son los extremos los que tenemos que evitar.

Podés leer la nota entera aquí: DMujeres


martes, 17 de junio de 2014

Cada planeta en la astrología representa un arquetipo. Así tenemos a Marte que representa el arquetipo del guerrero y a Venus que representa el arquetipo femenino. Mercurio, por su parte, tiene la particularidad de ser el regente de dos signos diferentes (Géminis y Virgo) y su mitología tiene varias acepciones.


El símbolo astrológico del mercurio es también el signo de la alquimia medieval e incluye tres elementos: alma + espíritu + materia. Contiene también el signo de la mujer, pero es encabezado con “cuernos” o una media luna. Estos son para simbolizar el sombrero de alas que el dios griego Hermes (Mercurio para los romanos) lleva en la leyenda.

En una Carta Natal, Mercurio representa la forma en que nos comunicamos, de qué manera pensamos y cuán inteligentes nos sentimos. Expresa también cómo vinculamos ideas, personas y objetos, y cuánto nos cuestan estos enlaces.


Podés leer la nota entera aquí: DMujeres


lunes, 19 de mayo de 2014

“El perdón es la llave a la acción y libertad”   Hannah Arendt
 
Cuando la ofensa o el daño han sido graves, y cuando no hay reparación posible, perdonar parece un acto delirante. Reclamamos justicia y muchas veces, una justicia que se parece más a la venganza que la búsqueda de reparación y de armonía. Tomados por el enojo, deseamos el daño, el castigo, y por qué no, la desaparición del otro que nos ha lastimado. Perdón no es una palabra que pueda caber en nuestro lenguaje, porque el perdonar exige de un proceso que no estamos dispuestos ni siquiera a imaginar para nosotros.

Sostener el enojo nos da la sensación interna de mantener nuestro poder sobre la situación. No soltamos el enojo porque en el fondo sentimos nuestro dolor y nuestra vulnerabilidad, y tenemos miedo de desintegrarnos en estas emociones. Seguir enojados nos da una percepción de nosotros mismos llevando las circunstancias con la mayor dignidad posible.

Claro que hay heridas que viéndolas desde una perspectiva más amplia y comprensiva no merecen tanta dureza de nuestra parte. A veces simplemente no podemos perdonar porque sólo queremos ganar, aprovechar el error del otro y sojuzgarlo. De esta manera, dramatizando la cuestión, podemos tener poder y generar culpa en el que nos ha herido. ¿Para qué tomarme el trabajo de perdonar? Sobre todo intuyendo que este proceso me llevará a hacerme cargo de mi parte en el asunto!! La gente, a veces, crea enconos que atraviesan generaciones y han surgido de desencuentros mínimos que por soberbia y egoísmo no han sabido resolver.

Podés leer la nota completa en Dmujeres

Buscar

Cargando...

En la Web


Perfil

El Pozo de Agua es un Centro de Crecimiento Personal destinado al desarrollo integral del ser humano en sus múltiples ámbitos de pertenencia

Nuestro Logo

Nuestro Logo
"El Pozo de Agua" - Conny Mellien Becker

Nuestras Fotos

Nuestras Fotos
Gracias a Nora Ferrer Ph
Con la tecnología de Blogger.

Visitas